En sus propias redes sociales, la organización del Hermosa Fest Pride Beach Weekend definía este recién inaugurado festival como la prolongación del verano hasta mediados de octubre. Y también como un entusiasta canto de amor conjunto hacia el respeto, la tolerancia, la diversidad, la libertad y la diversión. Poco o nada importa el orden cuando se trata de ensalzar valores tan necesarios para una sociedad que parece instalada de un tiempo a esta parte en la rutina de la convulsión constante, el debate de gritos vacíos, la furia acumulada, la comunión del desconcierto y la anulación de credulidad frente al caos perpetuo. Y lo cierto es que, si la primera jornada de la historia de esta iniciativa cultural celebrada en el recinto de Trips Summer Club debía convertir la teoría en deslumbrante práctica, el triunfo solamente se puede etiquetar como notable. Buen ambiente, público entregado a la(s) causa(s), sonido a la altura, complicidad absoluta entre quienes reinaban sobre el escenario y quienes aclamaban a ras de pista y la feliz sensación de estrenar un festival que llega para quedarse. Es lo que tienen los otoños bañados en ese anochecer mágico de epílogo estival, que enamoran a la primera vista. Y al primer chispazo.
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Después de entrar en calor con la estupenda sesión de Cascales DJ, recibimiento que funcionó especialmente bien como presentación de la filosofía de baile y disfrute constante que marcaría el jueves, el joven Albert Infante combinó con más frescura y desparpajo que talento su sentido del humor con la pasión auténtica que siente hacia algunas de las grandes folclóricas de la historia de nuestra música, iniciando su actuación con una imposible revisión de 'Se me enamora el alma' de Isabel Pantoja. El suyo fue un espectáculo algo pasado de rosca que funcionó exclusivamente cuando se abrazó al chascarrillo. Resumiendo, lo de Infante fue (mucho) mejor monologo que 'concierto'.
Aunque no fuera complicado, bastante más interesante resultó la actuación de Malafé, momento en el que el pop y la música en directo hicieron al fin acto de presencia en el Hermosa Fest. Con un repertorio adictivo desde el primer golpe, el proyecto artístico del alicantino Javi Bosque regaló un buen número de estribillos de latido funk, con 'Qué mal se me da fingir' a la cabeza, que, ni una duda al respecto, seguirán resonando los próximos días. Una cálida y disfrutable alfombra roja musical para la llegada de Supremme De Luxe, uno de los principales iconos del colectivo LGTBI a nivel nacional y una diva capaz de despertar la energía general con su sola e imponente presencia. Un estallido de electricidad radiante que se mantuvo, y de qué manera, con las actuaciones posteriores de La Prohibida y Víctor Algora y, sobre todo, Samantha Hudson, quien se apoderó por completo del recinto hasta convertirlo en su particular reino de desfase punk con un espectáculo tan reivindicativo como radical, tan excesivo como hipnótico, tan desatado como divertido, tan único como desenfrenado. Otro gran momento que sumar a este contundente primer paso del Hermosa Fest.
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