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Gerardo Diego fue un poeta prolijo y abundante, que no son ni mucho menos la misma cosa, y, sin embargo, su obra nunca renunció a la calidad y al rigor, aunque pudiera verse cierta contradicción entre la cantidad de sus versos y de sus creaciones y los quilates que atesoraban sus hallazgos líricos. Tal vez porque hay poetas como el vate cántabro que nacen con la gracia de la palabra y el don de la música. Y da igual que escriban sobre temas clásicos, como un ciprés místico o centenario o un río manriqueño e inolvidable, sobre banderilleros y toreros castizos, sobre el cante hondo o sobre la modernidad ultra. Son capaces de crear el mundo de nuevo con palabras o de romper los límites de la literatura hasta extremos impensables, y todo esto sin dejar de reflexionar sobre la poesía de su tiempo, sin olvidarse de su condición de profesor, antólogo y ensayista.
Gerardo Diego nació el 3 de octubre de 1896 en Santander. Estudió Filosofía y Letras en Deusto, en la Universidad de Salamanca y en la Central, donde hizo el doctorado. En 1920 obtuvo la cátedra de Lengua y Literatura del Instituto de Soria y años después enseñó la misma asignatura en los institutos de Gijón y Santander. Finalmente en 1932 logró la misma cátedra en un instituto de Madrid, jubilándose en 1966.
Junto a los demás poetas de la generación del 27, Gerardo Diego fue uno de los más activos organizadores del homenaje a Góngora, que celebró su generación en 1927 con motivo del centenario del poeta cordobés. Se caracteriza por la variedad de temas y estilos, por el dominio de las técnicas y por su fecundidad, rasgos que comparte con sus contemporáneos.
También el poeta santanderino escribió aquí, en este rincón de la prensa murciana, en LA VERDAD, y se puede rastrear textos en prosa firmados por él, como el titulado 'El vendedor de crepúsculos', publicado el 23 de mayo de 1926, junto a Federico García Lorca, José Bergamín y Pedro Salinas, o el poema 'La cometa', que apareció en el Suplemento Literario de LA VERDAD en agosto de ese mismo año junto a Luis Cernuda, Jorge Guillén y José Ballester, todo un lujo para nuestra prensa murciana y el que le dedica Enrique Díez Canedo en septiembre de ese año, en el penúltimo número del Suplemento Literario, 'Gerardo Diego, inhumano y humano'.
De su vasta obra cabe destacar 'Versos humanos' (1925) que le valió el Premio Nacional de Literatura, al que han seguido otras recompensas, entre ellas el importante Premio March. En 1948 entró a formar parte de la Real Academia Española, donde ingresó pronunciando un discurso sobre una estrofa de Lope, 'Ángeles de Compostela' (1940), 'Alondra de verdad' (1941), 'La luna en el desierto' (1949), 'Biografía incompleta' (1953), 'Poesía amorosa' (1965), 'Vuelta del peregrino' (1967), 'La fundación del querer' (1970) y 'Versos divinos' (1971) son algunos de sus libros más destacados.
Admito que un artículo como éste debería haberlo escrito y firmado el profesor y destacado filólogo Francisco Javier Díez de Revenga, mi maestro y la persona que más sabe sobre la mejor generación poética española, la generación del 27 y, en concreto, sobre uno de sus grandes poetas, Gerardo Diego.
Entre las grandes virtudes que atesora este escritor está la de representar la excelencia lírica mientras su obra permite el paso a veces cómodo, siempre agradable al universo complejo y engorroso de la poesía y es el nombre idóneo para empezar a leer poemas, para iniciarse en el misterio de los versos, de las metáforas y de las sorpresas líricas, porque uno tiene asegurado el éxito del goce de un poema si acude a 'Versos humanos' o a Soria y lee 'Al ciprés de Silos' o el romance 'Río Duero', y es aquí donde el lector avezado descubre la magnífica simbiosis entre el profundo conocimiento literario del profesor y del estudioso y la intuición y la sabiduría natural del poeta, aspectos ambos que no siempre han andado de la mano y que incluso alguna vez han reñido de un modo manifiesto. Pues un buen profesor no siempre ha tenido un acceso franco al fuego poético y a un gran poeta en ocasiones le ha sido difícil esclarecer las claves de su labor literaria.
En cualquier caso el escritor santanderino encarnó como ningún otro la esencia de la poesía del 27, la dialéctica entre la tradición y la modernidad, la controversia entre el clasicismo y la vanguardia, y en ambos espacios formales y poéticos triunfó de una forma destacada, pues lo conoceremos en el futuro por haber creado uno de los sonetos más perfectos del siglo XX, 'Al ciprés de Silos', con el que docenas de profesores nos venimos luciendo en nuestras clases de literatura y de poesía contemporáneas y, a la vez, por haber representado a uno de los ismos más radicales de los movimientos poéticos de principios del siglo XX, el creacionismo.
«Habrá un silencio verde / todo hecho de guitarras destrenzadas» destaca entre los más significativos poemas de esa línea de la obra gerardiana, que la conectan con las audaces corrientes de los años 20, y que él mismo fue desarrollando y actualizando hasta su final, bien entrados los años 80. Estas páginas recogen desde el ultraísmo brillante de 'Manual de espumas' hasta las jinojepas y las 'Hojas' de los últimos años, pasando por tentativas de distinta naturaleza y por volúmenes tan tardíos pero interesantes (o interesantes por tardíos) como el magistral 'Biografía incompleta', que, aunque menos conocido, es un verdadero libro de plenitud.
La obra poética de Gerardo Diego alternó magistralmente la poesía de siempre y la vanguardista. Manejó elementos tradicionales donde destacaron composiciones como el soneto, la décima y el romance. Y, por otro lado, su estilo estuvo influenciado por el ultraísmo y el creacionismo, del que en los años 20 él fue el máximo representante, aunque el lenguaje que utilizó fue sencillo, con un uso constante de símbolos y metáforas, en muchos de sus versos dejó de lado los signos de puntuación. Y además nos transmitió el legado de ese poeta que deja testimonio de sus contemporáneos, en este caso en un libro tan significativo y fundamental como 'Poesía española contemporánea. Antología'.
De Gerardo Diego dijo en el Suplemento Literario (1923-1926) de LA VERDAD Enrique Díez Canedo en septiembre de 1926 que fue «un catedrático precoz», pues el santanderino nace en 1896 y en 1920 ya era catedrático, «probablemente uno de los más jóvenes, si no el más joven, del escalafón». Escribe Canedo: «Gerardo Diego, montañés, me hace impresión, entre los jóvenes, no ya de un descendiente de Góngora, a quien, como los poetas de su generación, rinde culto y dilucida con buen espíritu, sino de un nono nieto de Calderón, un Calderón desterrado del teatro y, con todo, imbuido por el sentimiento dramático de la poesía». Señala Canedo que los creacionistas profesan que se ha de hacer un poema por el mismo procedimiento que la madre naturaleza pone en práctica dentro del mundo vegegal. Despojando las palabras de su perpetuo valor conceptual, disociando ideas y agrupando imágenes. «Hasta aquí la poesía era como el resplandor de las cosas. Ahora, si no nos engañamos, los creacionistas [como Gerardo Diego] quieren que sea una cosa en sí».
**** Perlas del Suplemento Literario (1923-1926) de LA VERDAD. José Ballester Nicolás, la estética del paisaje. Próximo número (sábado 15 de julio).
Ángeles Carnacea (Ayamonte, Huelva, 1970) es antropóloga social, experta en mediación y monitora de atención plena. Es la responsable de la ONG Solidarios para el Desarrollo en la Región de Murcia y del Aula de Cultura de la prisión de Campos del Río. En 2021 publicó 'Por aquí pasó un río', en Raspabook, y ha colaborado en 'Revista murciana de letras' (Newcastle, 2023).
Lara López (Cádiz, 1967) es escritora, periodista y DJ. Ha publicado la novela corta 'Óxido' (Xordica, 2004) y los libros de poesía 'Insectos' (Papeles Mínimos, 2017), 'Derivas' (Prensas Universitarias de Zaragoza, 2020) y 'Antología de bolsillo' (Ediciones Liliputienses, 2021). Fue directora de Radio 3, es conductora de 'Músicas posibles' y colaboradora de La Mar de Músicas desde su creación.
Lara López (Cádiz, 1967) es escritora, periodista y DJ. Ha publicado la novela corta 'Óxido' (Xordica, 2004) y los libros de poesía 'Insectos' (Papeles Mínimos, 2017), 'Derivas' (Prensas Universitarias de Zaragoza, 2020) y 'Antología de bolsillo' (Ediciones Liliputienses, 2021). Fue directora de Radio 3, es conductora de 'Músicas posibles' y colaboradora de La Mar de Músicas desde su creación.
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