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ANTONIO ARCO
Lunes, 1 de septiembre 2014, 11:57
Dice: «Vivir es esto: un puñado de tierra en los ojos, y el día que nunca amanece». Es Antonio Marín Albalate (Cartagena, 1955), poeta y amigo de músicos, bohemios y seres perdidos en este mundo. Acaba de ver la luz 'En boca ajena', un CD, editado por Lemuria Music, en el que sus poemas aparecen recitados, o cantados, por voces tan singulares como las de Luis Eduardo Aute, Germán Coppini, Luis Alberto de Cuenca, Leopoldo María Panero, Ramoncín y Quico Pi de la Serra.
DOCE TRAGOS
1
-¿Un sitio para tomar una cerveza?
-Ficciones. En Cartagena.
2
-¿Qué melodía le suena en el teléfono móvil?
-Ramoncín.
3
-Un libro para el verano.
-'Ártico', de Juan de Dios García.
4
-¿Qué consejo daría?
-Vive y deja vivir.
5
-¿Facebook o Twitter?
-Facebook.
6
-¿Le gustaría ser invisible?
-Me encantaría, sí, sí, sí.
7
-¿Un héroe o heroína de ficción?
-Spiderman.
8
-Un epitafio.
-'To pa na'
9
- ¿Qué le gustaría ser de mayor?
-Un viejo verde.
1
0
-¿Tiene enemigos?
-Creo que no.
1
1
-¿Lo que más detesta?
-La traición y la falsedad.
1
2
-¿Lo peor del verano?
-Este calor pegajoso.
-¿Qué?
-Eso me pregunto yo, ¿qué hago aquí haciendo esta entrevista? ¡Si a mí no me conoce ni Dios!
-¿Qué ha hecho en todo este tiempo?
-He sido un padre con mucha suerte porque, sinceramente, no creo que haya estado volcado en la educación de mis hijos y, sin embargo, son unos críos de puta madre, sanísimos. No es que haya sido un ¡viva la Virgen!, pero no sé, sobre todo he tenido suerte con ellos; bueno, yo he tenido suerte y ellos tienen una madre que es una tía de puta madre. Hay padres que son unos exquisitos de la leche, que no es mi caso, y que tienen a sus hijos, desgraciadamente, chutándose en la esquina.
-¿Qué le han contado?
-Me contaron que yo nací en el Hospital de la Cruz Roja de Cartagena, pero no le puedo decir si es verdad porque no me acuerdo de nada.
-¿De qué sí se acuerda?
-De que el tiempo pasa y eso lo llevo fatal; que lo llevo muy mal, coño. Tengo 59 tacos y no me lo creo. Me miro al espejo, que nunca miente, y me pillo unos mosqueos tremendos.
-¿Qué es una suerte?
-No haberme quedado calvo.
-¿Qué le ha faltado siempre?
-Alegría, nunca en toda mi vida he tenido mucha.
-¿Y eso?
-Pues no lo sé, porque soy un ser triste. Aparentemente, soy un tipo alegre con el que la gente, de juerga, se ríe que no veas. Pero en mí hay una tristeza innata.
-¿Cómo fue su infancia?
-Mi infancia fue asquerosa, asquerosa a no poder más. En el campo, sin agua, ni luz, y con una madre a la que mi padre se trajo engañada de Barcelona, porque no le dijo la verdad sobre las condiciones en las que iba a vivir. Había tres casas juntas, una para cada hermano, y mi tío el mayor jamás se habló con mi padre, ni conmigo. Mi infancia fue una casa llena de sombras. Mi madre sufrió la pobre lo que no está escrito y, claro, se convirtió en una mujer triste.
-¿Qué es usted?
-Soy hijo único.
-¿Qué empezó a leer?
-Me inicié leyendo novelas del Oeste, de Marcial Lafuente Estefanía; no puedo decir que empecé leyendo a Quevedo.
-¿Cuándo empezó a disfrutar de la vida?
-Mi padre era un puto obrero de Hiladuras del Sureste, y no teníamos un duro. Me hizo mucha ilusión comprarme mi primer tocadiscos cuando gané algo de dinero. En vez de salir por ahí a tomármelas -algo a lo que me dediqué después-, me empapaba de todas las músicas de los cantautores. A Patxi Andión, por ejemplo, me lo tragué entero. [Paxti Andión ha puesto voz, en 'En boca ajena', al poema 'Dices parece un pájaro'.]
-¿De qué se acuerda?
-De que en este bar donde estamos [en Los Dolores], La Cañica, antes estaba el Bar de Álvaro, en el que hacían sus tertulias cuatro poetas muy buenos de los que ya solo vive María Teresa Cervantes. Pedro Mateo, un poeta helenista que vivió después muchos años en Atenas, ya ha muerto; Mariano Pascual de Riquelme era un poeta atormentado que acabó arrojándose a un tren en marcha; y Agustín Meseguer, que bebía muchísimo, también murió. Pensar en la muerte de los poetas admirados y de los amigos me deja mal, porque yo no soy un tipo que tenga creencias religiosas.
-¿Qué es verdad?
-Que no somos nada. Cada vez me doy más cuenta de todas las mierdas que nos rodean: tantas injusticias, tantas chorradas, tantos gilipollas, tanta hipocresía...
-¿Qué no le gustaría?
-Perder la capacidad de enamorarme platónicamente.
-¿Éxito con las mujeres?
-No, ninguno, ninguno. Debe de ser que he sido un gran tímido, porque yo he visto a tipos como yo que sí han triunfado. Y de eso sí que me arrepiento, porque ya no hay vuelta atrás. ¡Me cago en la puta, seré gilipollas! Lo que no se vive en el momento, olvídate. Hay que tirarse a la piscina y no pensar tanto las cosas.
-¿Qué sabe?
-Que lo que tienes es lo que hay.
-¿Su obsesión?
-Volvemos a la muerte. Es un tema con el que no puedo descuidarme porque puede terminar bloqueándome.
-¿La poesía le salva?
-Sí, aunque ahora estoy haciendo letras de canciones. Me han animado algunos amigos músicos y me está gustando la experiencia. De hecho, me han dicho que Los Trogloditas van a hacer una canción, con una letra mía, que incluirán en su próximo disco.
-¿Cómo se llama?
-Espérese que me acuerde. ¿'Rumbo a peor'?
-¡Y yo qué sé!
-Pues no me acuerdo, pero va sobre algo muy negativo.
-¿Qué no ha hecho?
-No he viajado mucho; como decimos por aquí, no he pasado de La Aljorra. Yo solo estuve en Estambul y fue por pura casualidad. Cuando La Mar de Músicas [en Cartagena], dedicada a Turquía [en 2005], vino Özlem Kumrular, una turca guapísima que hablaba español y que me impresionó mucho. Llevaba un tatuaje precioso en la espalda. Le escribí un poema, que se publicó en la revista 'Antaria'. Se la mandé y se quedó flipada. Y creo que, para agradecérmelo, me invitó a Estambul a dar una conferencia sobre 'El vino en el Siglo de Oro'. '¿Cómo?', me dije, 'pero si yo soy un puto analfabeto, menudo berenjenal'. Pero me preparé una conferencia bien currada sobre 'El vino y la poesía en el Siglo de Oro', y me lo pasé pipa.
-¿Qué es lógico?
-No ligar si tienes una barriga cervecera. Yo me he pasado, precisamente, al vino tinto.
-¿Qué vio y no se le olvida?
-Cuando se murió mi abuela -yo tenía diez años-, vi una paloma, de noche, encima de su cadáver. Pensé que era su alma subiendo al cielo.
-¿Qué es negativo?
-Lo son los radicalismos. Yo, por ejemplo, que soy una persona de izquierdas, tengo amigos de derechas que son excelentes personas a las que quiero un huevo.
-¿Qué habría que hacer?
-Las fronteras habría que quitarlas todas. Pero, lejos de eso, ahí tenemos a Cataluña. Y yo me digo: '¿Que os queréis separar? Pues hacer lo que os dé la gana, a mí es que me la suda'.
-¿Qué palabra le gusta?
-¡Tantas! Diciembre, por ejemplo.
-¿Por qué?
-Porque diciendo diciembre, me viene como un hilo con raíces de nieve y marihuana, el humo helado y brillante de una voz que un día besé enamorado.
-¿Dónde no le veremos nunca?
-En los toros. Mi amigo [Luis Eduardo] Aute, que es muy taurino, distingue entre los taurinos y los marcianos. Yo debo de ser lo segundo. No me gusta la tortura, ningún tipo de violencia, ni la que se que ejerce contra las personas, ni la que se ejerce contra los animales. Desde luego, yo no le veo la menor gracia a tirar una cabra desde un campanario. Me parece una burrada. Y tampoco me verán nunca en un campo de fútbol, porque no me gusta el fútbol.
-¿Y qué sí?
-Los conciertos. Antes me gustaban mucho los recitales de poesía, pero ahora le confieso que, a veces, los poetas son muy coñazos; me resultan muy plastas últimamente [risas]. En cambio, un concierto de Albert Pla, o de Iván Ferreiro, lo disfruto muchísimo.
-¿Qué hay más triste que tres tristes tigres lamentándose juntos?
-Yo. [Risas.]
-¿Para qué es un negado?
-Soy incapaz de escribir una novela, sé que jamás la escribiré.
-¿Qué es imprescindible?
-Yo sin amigos no podría estar. Creo en la amistad sin condiciones, y daría la vida por mis amigos. Nunca me ha traicionado uno de ellos.
-¿Qué le tranquiliza?
-Saber que el mar está ahí cerca.
-¿A qué está dedicando usted el verano?
-No salgo; vivo delante de un ventilador, harto de este calor pegajoso.
-¿Qué tiene pendiente?
-Escribir mis memorias, a las que llamaré 'Hijo del Pelargón. Desmemorias y olvidos'. Es que yo soy hijo del Pelargón.
-Cuando está mal, ¿cómo se siente?
-Como si comiese yeso.
-¿Qué le molesta?
-Me molestan las voces metálicas que te informan de que el teléfono al que llamas está apagado, o la de los contestadores automáticos.
-¿Qué le gusta ver?
-Ropa tendida.
-¿Cómo es la felicidad?
-¿La felicidad? En el poema 'Nocturno amarillo' escribí: «Cosido por el hilo dorado de tu pelo largo / y brillante como el sonido de las sirenas / en el agua, limpia y bellamente sereno, / te escribo. / A mis pies duerme confiado el mundo. / (Mi casa es un cubo triste de lágrimas / y pececillos). / Amarilla de whisky, por encima de todo, / mi alma atomizada se eleva alcanzando / el hondo misterio del mar en las estrellas, / mientras pasan naves cargadas de luna y sueño. / Acaso sea esto la felicidad».
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