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ANTONIO CONTRERAS. CATEDRÁTICO DE UNIVERSIDAD. FACULTAD DE VETERINARIA DE MURCIA
Martes, 1 de mayo 2018, 23:46
Poseemos un tesoro patrimonial y medioambiental, 2.750 km. y 7.360 has. de vías pecuarias, que está desapareciendo ante nuestros ojos, ignorado, usurpado y destruido; considerado por ley (3/1995) dominio público, inembargable, imprescriptible e inalienable (art. 2) y del que la Comunidad Autónoma es responsable de su conservación y defensa (art. 5). A pesar del convenio suscrito con el Ministerio en 2004 y una inversión conjunta de 1,8 millones para el deslinde, amojonamiento y señalización de 290 km. de vías pecuarias (BOE n 34, 9-2-2005), desde la promulgación de la ley se han deslindado en Murcia menos del 1% de sus vías pecuarias, aunque el dato oficial no está accesible.
El uso prioritario de esta red cañariega es el tránsito ganadero, actividad residual tras la desaparición de la trashumancia pero imprescindible para la ganadería extensiva que aprovecha recursos naturales, mantiene razas autóctonas y contribuye a la prevención de incendios forestales y a la conservación de la biodiversidad. Además, la ley considera otros usos compatibles y complementarios de las vías pecuarias «inspirándose en el desarrollo sostenible y el respeto al medio ambiente, al paisaje y al patrimonio natural y cultural».
Por su conectividad territorial, las vías pecuarias son auténticos corredores ecológicos «esenciales para la migración, distribución geográfica e intercambio genético de las especies silvestres», conformando valiosos espacios naturales, de considerable anchura: cañadas (hasta 75 m.), cordeles (hasta 37,5 m.) y veredas (hasta 20 m.), además de coladas, descansaderos, majadas y abrevaderos (art. 4). Estos corredores permitirían repoblaciones autóctonas, mediante plantaciones lineales (art. 16), y sus abrevaderos amparan especies silvestres, especialmente anfibios amenazados por el calentamiento global. Por ello, las vías pecuarias suponen un instrumento más de la política de conservación de la naturaleza (Título II) al servicio de la cultura y el esparcimiento ciudadano, al considerar entre sus usos complementarios actividades turístico-recreativas como «el paseo, la práctica del senderismo, la cabalgada y otras formas de desplazamiento deportivo sobre vehículos no motorizados» (art. 17). Esta función beneficiaría a espacios naturales con gran presión de visitantes y deportistas, como ocurre en el Parque Regional El Valle y sería un estímulo al desarrollo rural sostenible. Por último, la declaración en 2017 de la trashumancia como Manifestación Representativa de Patrimonio Cultural Inmaterial, añade a sus vías mayor interés, y nos remonta a las relaciones que se forjaron durante siglos, y hasta los pasados años 70, merced a los trashumantes de la Serranía de Cuenca y Montes Universales que, hollando la Cañada Conquense y el Cordel de los Valencianos, invernaban en Murcia.
Existe gran desconocimiento del valor de 'nuestras' vías pecuarias, siendo clave en su defensa la sensibilización de la ciudadanía, como se ha demostrado en otras comunidades autónomas. En Murcia, Ecologistas en Acción ha mantenido encendida la llama de su protección, llegando a recurrir a la Fiscalía, la AA VV de La Alberca se ha movilizado contra la usurpación de la Cañada Real de Torreagüera, y asociaciones como Caramucel, Caralluma, Adela o MurciaenBici han apostado por la defensa de estas infraestructuras.
Mirémonos en el espejo del Mar Menor y evitemos tener que lamentar la pérdida de este valioso patrimonio, de interés público y protegido por ley, tras décadas de abandono y destrucción.
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