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ALBA RODRÍGUEZ
Jueves, 23 de enero 2014, 21:11
Tan cercano como magistral, y feliz por el reconocimiento de la Universidad centenaria de «uno de los paraísos del mundo, Murcia», el pintor y escultor Antonio López (Tomelloso, Ciudad Real, 1936) ingresó ayer en el claustro de doctores 'honoris causa' por la Universidad de Murcia preguntándose «cómo he llegado hasta aquí». Así comenzaba ayer el artista, arropado en todo momento por grupos de admiradores y alumnos, su discurso de investidura, escueto, sincero y agradecido con quienes han querido honrarle.
Comenzó a pintar cuando solo tenía 13 años y, ayer, a sus 78, recibía, por parte de la UMU, la máxima distinción que una universidad pueda otorgar. Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 1985, y premio Velázquez (con quien llegaron a compararlo ayer) de las Artes en 2006, no ha dejado de trabajar ni un solo día de su vida, porque «el trabajo me ha salvado de muchas cosas».
Le esperaba un salón de actos, el de la Facultad de Economía y Empresa, en Espinardo, lleno de estudiantes, artistas y profesores universitarios que quisieron acompañar al pintor manchego durante su investidura como miembro del claustro de doctores de la Universidad de Murcia, institución que ha contado con la presencia de López como jurado del premio de pintura del Aula de Artes Plásticas varios años, y que le ha recibido además como instructor de cursos de pintura y escultura impartidos en sus aulas.
Autoridades regionales como el consejero de Cultura y Turismo, Pedro Alberto Cruz, y el de Industria, Empleo e Innovación, José Ballesta, amigo personal de López; el secretario general del PSOE en la Región, Rafael González Tovar, y el coordinador regional de Izquierda Unida, José Antonio Pujante, se encontraban entre los asistentes. No faltaron tampoco artistas murcianos como Carmen Cantabella, pintores, escultores y rendidos alumnos de la Facultad de Bellas Artes, donde algunos han podido recibir las enseñanzas del pintor y escultor. A todos atendió López, quien no se cansó de firmar obras y fotografiarse con grupos. Solo dos pintores más, Ramón Gaya y Pedro Cano (murcianos ambos), son doctores 'honoris causa' por la Universidad de Murcia.
Emocionado, el padrino del nuevo 'honoris causa', Juan Romera, decano de la Facultad de Bellas Artes, destacó la inseparable relación de la cultura y la ciencia: «Detrás de cada artista genuino hay un científico», y resaltó además la gran capacidad de «observación del entorno, aislamiento y síntesis» que el artista investido tiene en su trabajo. Romera elogió también el carácter «sencillo y generoso» de un artista que «crece lejos de los aplausos y las adulaciones». Cerró su discurso el decano aseverando que es un «prestigio para la Universidad de Murcia que Antonio López pertenezca a su claustro de doctores».
Ya investido como doctor por el rector de la UMU, José Antonio Cobacho, con el birrete de borla blanca, el anillo de la sabiduría, los guantes blancos de pureza y el libro de la ciencia, el pintor se fundió en un intenso abrazo con su padrino y amigo, y subió al atril para agradecer la distinción. «Las palabras que voy a pronunciar son una pobre aproximación de lo que siento en este momento», arrancó el artista, quien repitió en varias ocasiones que no sentía ser merecedor de la distinción que acababa de recibir por parte de la Universidad. Tras recordar al público asistente lo importante que es para el ser humano la búsqueda del conocimiento, que él no se cansa de seguir, quiso rememorar tiempos pasados, como cuando empezó a pintar con solo 13 años, o la primera vez que visitó la Región. «Era 1973, acababa de morir mi padre, y yo quedé deslumbrado por la comida de Murcia, aspecto que no me he cansado de destacar allá por donde he ido. Esa primera visita fue un alivio precioso». Sincero y muy cercano, Antonio López remarcó también la importancia que los rituales tienen en la vida del ser humano. «Gracias por señalarme con este honor, que no sé si me corresponde», finalizó su discurso.
Concluida la ceremonia de investidura, y tras la interpretación de 'Trío en sol menor op.63', de Carl Maria von Weber, por parte del Trío de Cámara de la Orquesta Universitaria, el rector, quien asistía a la que con toda probabilidad será la última ceremonia de investidura que presida (salvo que se logre cuadrar la agenda del tenor Plácido Domingo para fijar la suya antes de abril) quiso destacar la importancia que la figura de Antonio López tiene entre los jóvenes artistas, ya que «con su esfuerzo y ejemplo ha abierto camino a todos ellos en el arte». Tras desear que el nuevo doctor pueda sentirse entre el resto de sus ahora compañeros como si estuviera en su casa, el rector señaló la importancia que la verdad y la realidad han tenido en el trabajo de López durante su reconocida y dilatada carrera artística. «Antonio ha buscado constantemente la verdad durante toda su vida, a través de su obra», ya que «la honestidad es una pieza esencial en su personalidad, y por supuesto en su trabajo». En ese aspecto quiso compararlo con uno de los artistas más destacados de todos los tiempos en España, Velázquez, quien a su parecer comparte con el manchego «la huida de la mentira para engrandecer el arte», además de un carácter sosegado y tranquilo que les ha ayudado en la visión de su trabajo.
«Antonio López ha postulado siempre el respeto a las cosas cotidianas que nos rodean, elevándolas a la categoría de arte», continuó Cobacho, y «con su obra maestra de belleza real y serena recuerda a la Grecia clásica, y se aleja de la nueva visión de la belleza que acercó el Renacimiento». Quiso el rector de la Universidad de Murcia finalizar su discurso compartiendo con los asistentes el recuerdo del trabajo de López cuando pintó una de sus obras más reconocidas, la Gran Vía de Madrid, donde el autor pasó seis años acudiendo al amanecer, cuando aún la ciudad se encontraba dormida.
Como Santa Teresa buscaba a Dios en los pucheros, Antonio López, resumió el rector, «persigue la realidad de las cosas. La grandeza de las cosas y la belleza del mundo que se encuentra en lo cotidiano».
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