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RAÚL HERNÁNDEZ
Martes, 6 de marzo 2012, 12:51
Han pasado tres años y medio desde que Ángela murió. En todo este tiempo sus padres, María del Mar Vicente y Juan Carlos Moreno, no han dejado de pensar en ella y en los presuntos responsables de su fallecimiento. El día después de que su hija muriera, el matrimonio presentó una querella contra el equipo médico que la atendió en el hospital Materno Infantil de la Arrixaca y se pusieron en manos de la Asociación de Víctimas de Negligencias Sanitarias.
Ahora, un juez ha imputado a tres ginecólogas y a dos matronas que ese día, el 15 de octubre de 2008, asistieron el parto y las ha citado a declarar este jueves. Lo ha hecho tras estudiar el informe forense, fechado el 20 de enero de este año, que indica en sus conclusiones que concurren indicios de desatención en el parto, al no haberse adoptado supuestamente medidas de urgencia ante el sufrimiento fetal. Éste se constataba en los avisos que lanzaba el monitor que seguía las constantes vitales del bebé. «Existe una demora entre la aparición de los signos de pérdida de bienestar fetal y la adopción de medidas urgentes necesarias [ ] , concretamente, la práctica de una cesárea, no quedando constancia en el historial clínico de anotación alguna en la evolución médica de actitudes o decisiones adoptadas en el periodo de tiempo transcurrido desde que los DIPS II hicieron su aparición hasta que se efectúo la intervención quirúrgica», señala el informe.
«El magistrado estaba esperando este documento a fin de esclarecer lo que ocurrió aquel día y, tras escuchar a las partes denunciadas, determinará si procede iniciar juicio oral», afirma Miguel Cáceres abogado del matrimonio.
Según el relato de la pareja, a las 8.15 de la mañana, María del Mar entró en la sala de dilatación y hasta la tarde estuvieron administrándole oxitocina, ya que «no dilataba y la niña no se ponía en posición de parto». Fue a partir de las ocho de la noche cuando el monitor comenzó a mostrar señales de sufrimiento fetal.
«En el partograma consta que se avisa a ginecólogo de guardia a las 21.00 y 21.15 horas, pero no existen anotaciones por parte del facultativo especialista, aunque sí de las matronas», índica el informe forense
Las dos horas posteriores fueron eternas. María del Mar asegura que pidió que se le hiciera una cesárea porque sentía que su hija moría. «Les estaba pidiendo socorro porque el monitor no paraba de lanzar pitidos y allí nadie hacía nada. Lo único que me decían es que no me alterara porque estaba molestando al resto de madres. Mi hija mientras se moría poco a poco», recuerda.
Tanto es así que, tal y como indica el forense en su escrito, el monitor mostraba que «a partir de las 21.50 horas la frecuencia cardiaca del bebé se transformó en un trazado ominoso con DIPS profundo tipo II (caídas de la frecuencia cardiaca) en todas las contracciones y que hace necesario la extracción fetal con urgencia».
La operación se practicó finalmente a las 23.30 horas, una hora y cuarenta minutos después de que el informe forense indique que era imprescindible realizar una cesárea de urgencia. Concluye que el Síndrome de Perdida de Bienestar Fetal provocó la muerte del bebe.
La pareja espera que, tras la declaración de las imputadas, el juez decida abrir juicio.
Un portavoz de Sanidad se limitó ayer a expresar el respeto hacia cualquier decisión judicial.
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