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LORCA

El riesgo geológico

EDUARDO GARCÍA PEÑAS

Domingo, 16 de octubre 2011, 02:58

Creo que no se debe confundir lo imposible con lo improbable, pero demasiadas veces los seres humanos, movidos por intereses materiales ajenos a la realidad de la Naturaleza, por comodidad o por otras razones de todos conocidas, lo hacemos, haciendo gala de una negligencia totalmente en desacuerdo con la inteligencia, cuya posesión nos atribuimos en exclusiva dentro de la Biosfera.

En las aulas, incluidos en determinadas materias, hablamos a los alumnos de los «Riesgos Geológicos», haciendo una relación pormenorizada de los mismos, de cómo nos pueden afectar y qué se puede hacer para protegernos de los temibles coletazos del «monstruo Gaia». Predicar en el desierto.

Nos instalamos y edificamos ocupando laderas de montañas que pueden deslizarse y sepultarnos; llanuras de inundación que los ríos van a anegar cuando sus aguas desciendan enormemente crecidas; cercanías a volcanes todavía activos; zonas costeras donde los maremotos son bastante probables. Construimos edificios con materiales pesados y muchas plantas en lugares donde las placas litosféricas interaccionan, hay grandes fallas que pueden liberar enormes cantidades de energía mecánica en un instante y provocar terremotos de mucha intensidad. Y más todavía. ¿Por qué?

Prefiero no dar la respuesta. Es demasiado obvia.

Como lorquino y profesor de Biología y Geología, tras la triste experiencia vivida en el pasado mes de mayo, me siento obligado a escribir esto, y puedo llorar por un ojo si comparo mi situación con la de otros habitantes de mi querida ciudad, en la que cada día que pasa compruebo que se está demoliendo algún edificio más.

Me comentan los especialistas, técnicos en la materia, que la aceleración sufrida por los materiales arquitectónicos con el paso de las ondas sísmicas superaba, con creces, lo que se venía considerando, hasta ahora, para establecer las normas antisísmicas relativas a la construcción de edificios en nuestra región, situada en el dominio geológico de las cordilleras Béticas, geológicamente jóvenes aún y ubicadas en un lugar donde África y Europa colisionan, empujadas por la corrientes que actúan bajo la litosfera. Y me pregunto: ¿en qué se basan esas consideraciones? Demasiado bien se han comportado la mayoría de las estructuras de los edificios de la ciudad ante la sacudida que han sufrido.

A la Madre Naturaleza, más bien Madrastra borde en esta y en tantas otras ocasiones, no podemos manejarla a nuestro antojo ni podemos tampoco predecir con qué nos va a sorprender. El asunto de las predicciones meteorológicas funciona bien, pero lo que el planeta hace desde dentro es bastante menos predecible aunque sí esperable en determinadas zonas, con mayor o menor probabilidad.

¿Se podía haber evitado? En sentido estricto, creo que sí, y en verdad, aunque resulta ya tópico decirlo, tuvimos mucha suerte dentro de la desgracia irreversible para otros lorquinos. Pero tendríamos que cambiar muchas cosas; demasiadas en realidad: costumbres urbanísticas, legislación relativa al uso del suelo, materiales de construcción, forma de vivir &hellipy bastantes otros detalles que no voy a comentar porque, en realidad son una utopía que no estaríamos, como colectivo, dispuestos a modificar. Creo que preferiríamos vivir con la emoción del riesgo ante el peligro antes que renunciar al estilo de vida al que estamos acostumbrados, sencillamente porque no entendemos otro estilo diferente.

Confiemos, pues, en la estadística y en tener suerte en el futuro. Me comentó un perito del Consorcio que este seísmo ha sido el más fuerte de los últimos quinientos años. Espero que el próximo de semejantes características no afecte a nuestra ciudad hasta dentro de otros cinco siglos. Para entonces, seguro, ya estaré completamente calvo. Y ustedes también.

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