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La tribu del agua, una historia sin final
REGIÓN MURCIA

La tribu del agua, una historia sin final

El nuevo libro de Manuel Buitrago ofrece las claves de los años más convulsos de la lucha territorial y política del agua

LA VERDAD

Domingo, 9 de octubre 2011, 15:02

En el mundo poliédrico del agua habita una tribu poblada por los más variados actores y personajes, algunos tan antiguos como la rueda de la historia...». Así se presenta el libro 'La tribu del agua. La odisea del Trasvase Tajo-Segura', escrito por Manuel Buitrago, jefe del área de Local del diario 'La Verdad'. La obra ha contado con la colaboración de la Fundación Cajamurcia y se presentará el próximo viernes. Como señala su autor, se trata de una crónica sin final; una historia de decepciones colectivas que no da tregua a los hombres y a los gobiernos.

El libro condensa los últimos siete años más intensos de la guerra del agua tomando como punto de partida la derogación del Trasvase del Ebro y las consecuencias que trajo con el asalto autonómico a los ríos y con la amenaza al acueducto Tajo-Segura: defendido por unos y denostado por otros en el marco de la nueva política hidráulica que llegó de la mano de Cristina Narbona y Rodríguez Zapatero, que apostaron por la desalinización como medio para alcanzar la autonomía hídrica.

Manuel Buitrago ofrece claves y cuenta aspectos inéditos de la larga lista de protagonistas, así como la trastienda donde se tomaban algunas decisiones, como la caída de Fuentes Zorita, la manipulación para catalogar los informes científicos sobre el Trasvase del Ebro, el pago que exigió Esquerra Republicana por apoyar a Zapatero, el intento de llevar agua desalinizada desde Almería a Barcelona en barco y la salida de Narbona, entre otros muchos episodios de este convulso periodo dominado en los últimos años por la batalla política del Estatuto de Castilla-La Mancha y sus propuestas para cercenar el Tajo-Segura.

'La tribu del agua' sigue los pasos de su libro anterior, 'Las dos orillas', dedicado al auge y caída del Trasvase del Ebro y a los esfuerzos para edificar un Plan Hidrológico Nacional que pudiera contentar a todos los territorios. El agua, que riega tierras y votos por igual, siempre ha estado y estará en la primera línea del debate político, según su autor. La próxima legislatura marcará el nivel de compromiso para alcanzar ese pacto nacional que nunca llega, superando el manido catálogo de trasvasistas y antitrasvasistas, señala.

A continuación, se reproduce uno de los capítulos del libro, centrado en el 21 de abril de 2010, el día en el que se frenó en el Congreso de los Diputados el Estatuto de Castilla-La Mancha y sus propuestas para eliminar el Trasvase Tajo-Segura.

xtracto del capítulo 'El día clave, 21 de abril'

La tensión creció la mañana de autos con la presencia de Ramón Luis Valcárcel en el Congreso, que se dejó ver por los pasillos rodeado de periodistas para recluirse luego en un despacho con Soraya Sáenz de Santamaría, Arturo García Tizón y otros diputados. Se habló de que también estaba Rajoy, pero nadie lo vio. Entre todos iban a afilar el texto alternativo que el PP presentaría esa tarde en la Comisión.

La presencia de Valcárcel disparó el rumor de que José María Barreda estaba a punto de llegar al Congreso para hacer lo mismo: apretar las tuercas a su partido, hacerse visible para sus diputados y evitar que la situación se descontrolara tomando otros derroteros. Pero Barreda se quedó en Toledo siguiendo los acontecimientos, abrigado por el apoyo que le daban los agentes económicos y sociales de su Comunidad. No estuvo presente físicamente, pero sí lo hizo pegado al teléfono minuto a minuto con Alejandro Alonso y el Grupo Parlamentario Socialista. Si Valcárcel peleó por sus intereses e influyó en el desenlace final, también lo hizo Barreda desde su despacho.

El viceportavoz socialista, Eduardo Madina, se mostró duro con el presidente murciano criticando que estaba allí para intimidar a los diputados del Partido Popular e inmiscuirse en la labor del Congreso. Madina atrajo a los periodistas para transmitirles que Valcárcel iba a ordenarle al PP lo que tenía que hacer esa tarde en la Comisión, pasando por encima de Cospedal y Sáenz de Santamaría.

Los regantes, por su parte, montaron su 'Territorio Trasvase' en un salón del hotel NH por donde desfilaron los diputados murcianos del PP y el PSOE. Iban a seguir la sesión por el canal de televisión del Congreso, no sin que antes se hicieran presentes en la calle con una reducida manifestación que tuvo los metros contados porque la Policía Nacional los dejó a raya, como siempre, dos calles más allá de la puerta de los leones. Valcárcel siguió la sesión desde un despacho, mientras que Pedro Saura, que había llegado a Madrid a primera hora de la tarde, permaneció en el lugar de concentración de los regantes junto con el portavoz parlamentario del PP, Juan Carlos Ruiz.

Un interrogante como una casa estaba puesto encima de la Comisión Constitucional cuando Alfonso Guerra abrió la sesión. El exvicepresidente del Gobierno sabía que el Trasvase Tajo-Segura no podía eliminarse. No lo concebía. Así lo dijo en una visita que realizó meses antes a Cartagena. Los portavoces pusieron sus cartas boca arriba con las primeras tomas de posición sobre el único texto que en esos instantes había sobre la mesa, el del PSOE. El momento clave se produjo cuando Alfonso Guerra abrió un paréntesis a raíz del anuncio de García Tizón de que el PP iba a presentar un texto alternativo con el que esperaba cerrar un acuerdo con el PSOE. Alejandro Alonso y Eduardo Madina pidieron tiempo para analizarlo. Guerra les dio 30 minutos. La propuesta del PP no recogía la palabra reserva. Maquillaba muchos términos aunque mantenía la referencia a los 4.000 hectómetros. También matizaba el uso preferente de Castilla-La Mancha sobre las aguas.

Los regantes, aparentemente, no sabían nada de ese nuevo texto. En el receso hablé por teléfono con José Manuel Claver y le leí los puntos principales. No estaba contento, sino resignado. Me acerqué a Arturo García Tizón para que me aclarara el alcance de algunos aspectos. No había nada que temer por parte de Murcia, dijo. El Trasvase Tajo-Segura quedaba al margen de todo. Explicó que estaba totalmente consensuado con Ramón Luis Valcárcel, con quien se habían reunido por la mañana para perfilar la redacción. En el último momento, antes de que sonara la campana, los populares de Castilla-La Mancha, la Región de Murcia y la Comunidad Valenciana lograron ponerse de acuerdo. García Tizón estaba contento con el documento y, sobre todo, con el hecho de que el PP castellano manchego salvara los muebles ante sus ciudadanos. Habían colocado la pelota en el tejado del PSOE, que era el que debía mover la última ficha.

Minutos después me llamó Pedro Saura para informarme de que el Grupo Socialista iba a rechazar el texto alternativo del PP. Barreda no lo aceptaba. Lo consideraba ofensivo. El presidente castellano manchego se esperaba este movimiento de Cospedal y no estaba dispuesto a cambiar una coma que significara descafeinar o rebajar sus reivindicaciones. Fue informado en el receso por Alejandro Alonso y con las mismas le indicó lo que tenía que responder ante la Comisión. Previne a Mariano Calleja, redactor de ABC, de que Barreda no aceptaba y de que el Estatuto quedaría muerto en esa sesión.

En los primeros minutos, algunos no entendieron lo que había sucedido. Los diputados del PP votaron su propuesta y los del PSOE la suya. El texto socialista quedó aprobado por mayoría simple en la Comisión y técnicamente iba a pasar al Pleno del Congreso para su debate y votación final, tal como anunció Alfonso Guerra al cierre de la sesión. La realidad era que Estatuto de Castilla-La Mancha no llegaría al Pleno porque el PSOE no tenía los votos suficientes para alcanzar la mayoría absoluta. Tampoco tenía el respaldo del PP, que era la condición capital que habían puesto los propios socialistas. Era cuestión de días que la ley fuera devuelta a las Cortes castellano manchegas.

PSOE y PP estaban de acuerdo en el 98% del contenido del Estatuto, pero el 2 ó 3% referido al agua fue decisivo. El 'Territorio Trasvase' se convirtió en una fiesta donde el principal protagonista fue Valcárcel y su intervención en las horas finales de la singladura parlamentaria de esta ley. Este protagonismo fue realzado por Alejandro Alonso en el transcurso de la Comisión y posteriormente por José María Barreda, para quienes el PP se había doblegado ante el presidente murciano. Barreda anunció al día siguiente que las Cortes de Castilla-La Mancha iban a solicitar al Congreso la devolución del Estatuto. Junto con la del País Vasco, y por motivos diferentes, fue la segunda norma autonómica que no prosperaba en el Congreso de los Diputados.

Costaba trabajo creer que el PSOE hubiera sacado adelante estatutos de autonomía más complicados, como los de Cataluña y Andalucía, y que se estancara con el de Castilla-La Mancha. Lo cual llevaba a pensar si Ferraz y La Moncloa habían dejado un tanto solo a Barreda. Se abría una lista de consecuencias que convenía tener en cuenta. A partir de ese momento, los estatutos que había en cola se guardarían muy mucho de legislar sobre agua. También quedaba un camino sembrado de minas para el Trasvase.

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