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Ginés Tomás Vicente con su obra premiada 'La concha azul'. :: MANUEL HERRERO
«El arte, en realidad, no sirve para nada; es simplemente placer»
LA GACETILLA

«El arte, en realidad, no sirve para nada; es simplemente placer»

Ginés Tomás Vicente. Ganador del Premio de Pintura Toledo Puche

MANUEL HERRERO

Jueves, 1 de septiembre 2011, 03:12

En Las Torres de Cotillas nació y ha formado familia Ginés Vicente. Desde niño ya despuntó en su afición por la pintura y el dibujo y de forma profesional viene dedicándose a esta actividad desde mediados de los noventa. Persona reflexiva, con gran nivel cultural y crítico con la sociedad, sus trabajos se han expuesto junto a los grandes maestros contemporáneos de la pintura. Ahora sus obras pueden contemplarse en la galería de arte La Aurora, de Murcia. Acaba de quedar finalista en el octavo premio internacional de pintura Toledo Puche, de Cieza. Todos los trabajos presentados a concurso pueden contemplarse en el Museo Siyâsa hasta el 19 de Septiembre. Las obras viajarán después a la Universidad de Murcia y a Madrid.

-¿Qué quiere expresar con su pintura?

-El cuadro se corresponde con una serie de arte contemporáneo que inicié hace año y medio y concretamente al género del bodegón, pues creo que está muy denostado. Considero que tiene un valor especial ya que a lo más vanguardista del trabajo pictórico lo relacionas con lo más difícil y clásico de la pintura como son los bodegones.

- Evidentemente el bodegón es tema clásico en pintura...

- Así es, si bien los elementos los he integrado en una línea de horizonte y sobre una tabla para colocar los objetos del XVII, como lo hacía Sánchez Cotán. Traslado a los tiempos modernos unas formas mutantes genéticas. Algunas frutas como si no existiesen previamente. Algunos cuerpos mutantes vegetales que dibujo en realidad no se corresponden con ningún elemento existente.

-¿Qué hay detrás de esa fruta desconocida?

- Aunque no lo parezca, tiene que ver con la ciencia ficción. Julio Verne decía que si alguien se imagina algo, ya vendrá otro que lo haga descabellado. Son los frutos que nos comemos cortando y pegando con ADN, pero se supone que al final terminaremos comiéndonos esos mismos frutos que hoy no existen.

-¿Son frutos oníricos?

- Más bien son frutos fantásticos, del mundo de la fantasía. No los considero producto de un mecanismo que utilizaban los surrealistas para implantar los sujetos en el cuadro. Lo que quiero pintar son seres fantásticos, no quiero irme a un mundo surrealista. Ni es la época, ni el momento.

-¿Acaso utilizamos el arte para evadirnos de la realidad?

-Siempre ha sido así, no es a consecuencia de la situación de crisis de esta época. El arte en realidad no sirve para nada. El arte no ha tenido nunca una utilidad práctica. Cuando vas a ver una exposición, lees un libro o visionas una película es simplemente por placer. Se trata de pasar un buen rato. Si no te lo tomas como un placer y lo vives como un entretenimiento, tendría entonces que ver con el tipo de intelectuales que siempre están mirándose al ombligo. Se trata sobre todo de entretener a la gente. Eres como un cineasta de Hollywood.

- ¿Qué artistas se miran mucho el ombligo?

- Se mira mucho al ombligo el intelectual tonto. También hay un tipo de intelectual que es permanentemente tonto y con cierta parálisis en las cervicales que le impide levantar la cabeza y ver el mundo que le rodea.

-¿No ocurre con los pintores?

-Sí, también. Es un problema de vanidad, del ego. Es algo perteneciente a la naturaleza humana. La cultura funciona exactamente igual que cuando se tiene un mecanismo supersticioso para que uno se crea mejor que otro. Personas del mudo de la cultura critican a los ricos porque tienen dinero y esa misma actitud tienen quienes les critican. En algunos casos compruebas que se comportan de la misma manera, con hipocresía.

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