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PPLL
Domingo, 24 de julio 2011, 04:00
Esta mujer tiene los pies en el suelo, anclados con delicadeza; lo cual le impide vivir en una nube, pero también le permite disfrutar del vértigo y del paisaje. Esta mujer ha vendido un millón de ejemplares (sin edición de bolsillo) de 'El tiempo entre costuras', más las ediciones de América Latina, más las traducciones a otros veinte idiomas (hebreo y chino, incluidos) y sigue conquistando lectores. Sonríe mucho. A esta mujer un libro no le ha 'reventado' el destino, pero sí se lo ha cambiado. Ella dice que no. Ella sabrá. Esta mujer, liviana, saluda a una señora que le agradece 'esas horas felices que me ha hecho pasar' y sigue sin levitar. Esta mujer asegura que siempre ha sido «una chica muy apañada». El secreto mejor guardado es su segunda novela. Ella lo sabe todo, los demás casi nada: poco tendrá que ver con la anterior, tendrá un título corto, Hemingway será citado una vez y la actriz Pepa Aniorte daría el perfil de la protagonista. Quizá el año que viene nos enteremos de todo lo demás.
- ¿Cuánta inocencia literaria y literal ha perdido en el último año? - No me he desencantado de nada porque he ido con pies de plomo y no me he dejado llevar más de la cuenta por los cantos de sirena. Sin grandes sorpresas ni grandes decepciones, más allá de número de ventas, ediciones y lectores. Quizá haya perdido un poquito, solo un poquito, el anonimato, pero no es algo que ocurra con una frecuencia preocupante. - ¿Qué ha ganado? - De todo. He viajado a muchos lugares distintos, me he acercado al mecanismo de algunas industrias culturales, he conocido a mucha gente interesante&hellip, he ganado experiencia vital. - ¿Cómo son los entresijos de la literatura por dentro? - Es un mundo curioso, entretenido y muy movido; todo el mundo piensa mucho. Es divertido. La gente es amable, intento presuponer que con sinceridad. - ¿Y la cosa esa de las puñaladas traperas? - Dicen que las hay, yo, si las he recibido han debido ser muy livianas y no me han dejado marca. Estoy entera, de momento. - ¿En el mejor de sus sueños esto era remotamente posible? - No me lo había planteado jamás. Todo es culpa y mérito de los lectores: se han contagiado unos a otros con entusiasmo y se ha creado una extraña y extensa tela de araña. - ¿No me diga que se ha transformado usted en una especie de 'madre araña'? - No lo sé. Lo digo en serio, no lo sé. No es lo común, lo reconozco; pero para mí no ha sido tampoco un tsunami. - ¿Qué se siente al ser famosa, conocida, saludada, incluso besada? - Gratitud, satisfacción y mucha incredulidad. Yo soy muy poco mitómana y escasamente dada a los saraos multitudinarios. Solo puedo estar agradecida. - ¿Qué es lo más raro que le ha dicho un lector? - Un día me presentaron a una niña que se llamaba Sira, como la protagonista de la novela, porque la madre la había leído durante el embarazo. En Sant Jordi me pidieron que firmara un ejemplar para un muerto porque le estaban construyendo una biblioteca póstuma. - ¿Qué se dedica a un muerto? - Me quede un poco helada, pero había gente esperando y tenía que reaccionar y creo que fue algo así como 'que disfrutes de esta historia allá donde estés' o algo igual de surrealista. - ¿Qué hace usted para no levitar y no vivir en una nube? - Es muy fácil. En casa tengo dos hijos adolescentes, lo que te pone en tu lugar nada más abrir la puerta. Sigo con mi vida de siempre; por un lado está lo profesional, a lo que hay que dedicar tiempo, dedicación y rigor, y por otro la 'normalidad'. No me veo a mis 46 años perdiendo la cabeza, quizá sea demasiado pragmática pero no tengo que realizar ningún sobreesfuerzo ni pellizcarme para no despegar los pies del suelo y mantener la perspectiva. - ¿Asusta la segunda novela? - No me quita el sueño pensar qué va a pasar. Sigo trabajando con las mismas ganas, ilusión y dedicación y veremos hasta dónde puedo llegar&hellip, hasta donde quieran los lectores. - ¿Le dejan, dejamos, tiempo para escribir? - ¡Poco! Esta primavera ha sido nula, pero queda tiempo por delante. Me organizo bien y se encuentra correctamente encauzada. - ¿Cuántas horas dedica cuando le dejan? - Todas las que puedo. Tengo mucha capacidad de trabajo y puedo pasarme diez horas sin moverme del ordenador. La vida te obliga a hacer muchas cosas a la vez y optimizar al máximo tiempo, aunque yo en ocasiones necesito días de 36 horas. - Ya no hay papeleras en las habitaciones de los escritores, pero ¿esa hipotética y antigua papelera está muy llena? - No mucho. Voy a tiro fijo y trabajo sobre seguro; le doy muchas vueltas al texto antes de encender el ordenador. No temo al folio en blanco. - ¿Qué hace usted para poder sonreír tan a menudo? - Comienzo por reírme de mí misma. Vivo un momento muy dulce, aunque en ocasiones sea agotador y parezca que me chupan la sangre y la energía. - ¿Qué le hace reír? - Miles de cosas. Un buen chiste, una tontería bien contada, una película divertida, un buen libro de humor&hellip - ¿Recomiéndeme un libro de humor? - Cualquiera de Antonio Orejudo, un tipo genial; el último, por ejemplo, 'Un momento de descanso'. - ¿Qué le hace llorar? - Lloro poco, más por una situación absurda que me saca de quicio que por sensiblería. Intento llorar por pocas cosas. Soy más pragmática que romántica. - Se han cumplido 50 años de la muerte de Hemingway, el escritor que dijo: «Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar». Brindemos por Hemingway. Haga usted los honores, aunque beba coca cola... - Por uno de los grandes maestros, un temperamento arrollador y una literatura maravillosa. En la próxima novela aparecerá la palabra Hemingway. - ¿Qué es el amor? - Un afecto sublime que no siempre se atiene a razones, que en ocasiones se deposita en alguien acertado y otras en un lugar equivocado, como ocurre en mi novela. - ¿Le gustaría hacer un 'cameo' en la serie sobre su novela? - Estaba previsto e incluso tenía la ropa preparada; estuve en Tánger en el rodaje, me acodaba en el piano junto a un pianista fantástico mientras las protagonistas tomaban un cóctel&hellip, pero no lo hice. - ¿Por qué? - Porque no tenía tiempo, era perder toda una mañana&hellip y porque me inventé esa excusa para no hacerlo porque no me apetecía. - No me diga que es una mujer muy pudorosa. - No, pero lo mío es el libro, la serie es otro mundo distinto que necesita distancia. Mejor cada uno en su parcela. - ¿Le gusta el reparto de la serie encabezado por Adriana Ugarte? - Sí. Adriana encaja perfectamente y los secundarios son estupendos. Ver a esos personajes en carne y hueso no deja de ser curioso y emotivo en algunas escenas particulares. - ¿Le interesa la perfección? - Me interesa más la calidad de las cosas bien hechas porque en ellas se ha puesto el rigor, el tesón y el trabajo necesarios. No aspiro a la perfección como ideal de vida. - ¿Dónde se esconde cuando no quiere ver a nadie? - En un sofá con una novela o en una playa. Puedo estar, cuando me dejan, muchas horas sola sin ningún problema. En ocasiones necesito aislarme, pero se me pasa rápido. - Su palabra de cabecera es... - Alegría. Suena bien y es un objetivo vital. Aspiro a vivir en el mundo en el que, por lo menos a ratos, perviva la alegría&hellip, por cierto, esto debe ser la letra de una canción o por lo menos lo parece.
- ¿Cuál es su mayor virtud?
- ¡Yo! Quizá el optimismo vital, pensar que a todo lo negativo se le puede encontrar un aspecto positivo, que cuando no hay arreglo al menos hay una lección que aprender. Un cierto optimismo que actúa de vacuna contra muchas amenazas sin dejar de ser muy consciente de la realidad que nos rodea que, por supuesto, no es de color de rosa. Pero me puedo levantar una mañana acordándome de los muertos de mucha gente.
- Tírese una piedra en el tejado.
- Pregunte a mis hijos, tengo mil defectos. Cuando me tocan las narices puedo sacar un genio&hellip, llamémosle subido. Soy muy marimandona, aunque ahora me estoy dejando llevar porque he descubierto que se está muy bien que otros tiren del carro.
- ¿Qué dicen sus hijos de su novela?
- Mi hija mayor la está leyendo ahora y el pequeño ni está ni se le espera.
- Después de tanta costurera, ¿qué es la elegancia?
- Una postura que se relaciona con la manera de estar en el mundo, de desenvolverse en distintas circunstancias manteniendo siempre la actitud adecuada en cada entorno y momento.
- Tras el punto final, ¿qué viene: alivio, dolor, pena, angustia?
- Misión cumplida. Vamos a ver qué pasa ahora y por donde atacamos, a por el siguiente.
- ¿No tendrá algún pariente militar?
- Dos tíos, pero no muy cercanos. Me gustan los objetivos a corto plazo.
- Al margen de la literatura, ¿qué le hace feliz?
- Los amigos, mis hermanos, un viaje con mis hijos&hellip, un buen libro, una buena película, una buena cena con un buen vino y una grata conversación.
- ¿Es buena cocinera?
- No, me manejo. El gazpacho y el salmorejo no me salen nada mal.
- ¿Qué le sigue sorprendiendo?
La mala educación del personal. No me lo acabo de creer, pero no se arregla.
- ¿Le hubiese gustado vivir en otro tiempo?
- No. Quizá un 'cameo' en el Tánger o en Lisboa de los años 30.
- ¿Baila bien el charlestón?
- Bailo fatal todo. Tengo, por desgracia, muy mal oído.
- ¿Algún sueño incumplido?
- Me hubiese entusiasmado tener una voz bonita y aptitudes musicales. Canto mucho, pero fatal.
- ¿Cuánto de usted dejó en Sira Quiroga?
- Intencionadamente nada, pero supongo que algo habrá en algún recoveco.
- ¿Cree en el destino?
- Poco, aunque a veces asoma la patita. Creo poco en lo que no palpo y veo.
- ¿Se ve con el Planeta?
- No espero que me lo ofrezcan; ya trabajo con Planeta y ellos están muy a gusto conmigo sin necesidad de premios.
- ¿A quien admira?
- A la gente decente, un raro valor en estos días.
- ¿Qué papel le hubiese gustado interpretar en el cine?
- Uma Thurman, en 'Kill Bill'.
- ¿Es una mujer de armas tomar?
- Puedo serlo y puedo liarme la manta a la cabeza. Tengo más mala leche de lo que parece.
- ¿Su primer recuerdo?
- El jardín de la primera casa en la que viví hasta los diez años en Puertollano. El papel pintado de las habitaciones, los muebles, mis padres y hermanos. Ya no existe esa casa.
- ¿Su segundo recuerdo?
- Otra casa, con más hermanos todavía y más gente y más bulla.
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