Borrar
«Me inquieta mucho el conformismo»
Cultura

«Me inquieta mucho el conformismo»

Rubén Castillo. EscritorSus tres últimas novelas llegan a los lectores; dos se venden en librerías y una a través de la web de la editorial

ANTONIO ARCO

Jueves, 16 de junio 2011, 12:32

De parte de Rubén Castillo (Murcia, 1966) para sus lectores: aventuras (para todas las edades y horas del día y de la noche), sexo (¡para adultos!), misterio, reflexión, juego(s), historias -bárbaras, inquietantes, increíbles...-, sorpresas, crítica, riesgo, afectos, y un oasis para refugio de la mente (que descanse y retome fuerzas). El escritor, que desde hace un mes y medio es padre de Álvaro, está feliz; pisando tierra, a veces áspera, pero cargado de ilusiones. Sus tres últimas novelas ya pueden ser disfrutadas: 'La cueva de las profecías' (para público infantil y juvenil, publicada por Edimáter), 'Las hogueras fosfóricas' (Ediciones Baladí), y 'El globo de Hitler' (se compra a través de la página web de la editorial Isla del Náufrago). Derek Walcott, en 'La Abundancia', escribe: «No hay nada excepto el sol al final de la calle y un caliente mar entre las casas que se desmoronan». Da igual lo que haya al final de la calle o al final de la vida, porque Rubén Castillo sabrá echarle imaginación y construir con ello una historia. Historias para vivir.

'La cueva de las profecías', con ilustraciones de Mar del Valle, está dedicada a sus dos primeros hijos, María (tiene 12 años) y Rubén (10 años), y a la madre de Álvaro, la también escritora Marta Zafrilla, «mi oxígeno, mi sonrisa y mi luz». «Creo que es una novela ágil, que tuvo para mí la dificultad de intentar adaptarme al lenguaje, a la forma de pensar y a la forma de sentir de chicos de primero o segundo de ESO», explica el novelista, también profesor de Literatura y crítico literario, y un entusiasta «bebedor compulsivo de café» que adora «el salmón ahumado, la cerveza muy fría y las risas con los amigos». «A mis hijos, que hicieron de conejillos de indias», cuenta, «les gustó la novela, y los chavales que la han leído en los institutos donde se ha puesto como obra de referencia también están contentos, les ha dejado satisfechos, con lo cual la experiencia está siendo para mí satisfactoria».

'Las hogueras fosfóricas'

Bien distinta es 'Las hogueras fosfóricas', la novela que, editada por Baladí, acaba de llegar a las librerías. «En ella he contado el encuentro de dos personas en un chat erótico. Un hombre y una mujer. Quieren sexo por motivos diferentes. Un sexo desinhibido, sin compromisos, sin ataduras», específica el autor. «No obstante», añade, «conforme se avanza por las páginas el lector empieza a darse cuenta de que están mintiendo: ninguno de los dos está diciendo la verdad».

¿Cómo son los protagonistas de 'Las hogueras fosfóricas'? «Son dos personajes que están muy solos, que tienen muchas frustraciones, muchas soledades, y que ni siquiera son quienes dicen ser. En el mundo de internet, en el mundo del chat, todo el mundo finge una personalidad, un nombre, una apariencia que no son los suyos; me parece que es una mentira incluso tierna, porque evidencia que estamos intentando poner de manifiesto cómo querríamos ser, no como realmente somos. Es una máscara, por tanto, disculpable». Los dos personajes de este diálogo, advierte, «mienten, no son las personas que dicen ser al principio, y no buscan lo que también al principio aseguran buscar. Poco a poco se van descubriendo el uno al otro, se van quitando las máscaras, se van desnudando, ahora sí que de verdad, y finalmente se conocen como son...».

'Las hogueras fosfóricas' propone un viaje nada rutinario al universo de los encuentros virtuales, porque los protagonistas «no llegan a verse jamás. Es todo a través del chat». «Hay mucha gente -explica Rubén Castillo- muy sola, muy desamparada, con zozobras, con inquietudes, con miedos...; gente que tiene en el chat la posibilidad de abrirse de una forma espontánea y terapéutica».

'El globo de Hitler', su último libro editado, no se vende en librerías, «sino que se manda directamente por correo a los lectores que deseen hacerse con él». Para adquirirlo, y «recibirlo cómodamente» en casa, hay que hacerlo a través de la web de la editorial Isla del Náufrago: www.isladelnaufrago.com. La historia que se cuenta en 'El globo de Hitler' -388 páginas- «parte de un hecho real: en 2007 fue subastado el globo terráqueo que el Führer tenía en su refugio de Berchtesgaden ('El nido del águila'). Y a mí se me ocurrió la posibilidad de que en su interior se encontrase un último mensaje de Hitler». Es, dice su autor, «una novela de misterio, búsqueda y aventuras, que creo que enseña muchas cosas sobre el nazismo y que -espero-, es muy amena e intrigante». Marta Zafrilla, quien en 2007 recibió, por 'Mensaje cifrado', el Premio Internacional de Novela Juvenil Gran Angular, dice que 'El globo de Hitler' es «una novela cuyos derechos compraría el propio Spielberg para una película».

Tras leer la noticia de la subasta, a finales de 2007 en San Francisco, del globo terráqueo utilizado por Hitler, Rubén Castillo puso en marcha su imaginación y surgió la posibilidad de una historia (redonda): «Estuve dos años leyendo bestialmente sobre el mundo de los nazis, y con una documentación apabullante, con centenares y centenares de fichas, construí una novela en la que creo haber conseguido que toda esa documentación se diluya para ganar en espíritu novelesco. El lector no es bombardeado con datos y más datos, sino que tiene la sensación de estar inmerso en una historia real. De cada mil cosas que digo, una o dos son ficticias y todas las demás son reales. La novela tiene tal sensación de verosimilitud que incluso amigos míos que son historiadores la han leído y se han quedado sorprendidos». Gratamente.

Horror

Rubén Castillo se ha adentrado en un mundo que no deja indiferente: «Hitler y el nazismo son nauseabundos. Representan, quizá, la forma más perfecta de horror puro que se ha dado en el siglo XX. Ha habido regímenes totalitarios, de extrema derecha y de extrema izquierda, terribles, criminales... Pero es que la sensación que se tiene es la de que los nazis gozaban con el horror. He visto centenares de fotografías de Hitler, apoyado en las alambradas, viendo a los judíos al otro lado, y su expresión es de alegría. Disfrutaba exterminando».

El escritor habla de sus últimas novelas con satisfacción, sin falsa modestia. Mientras desayuna, en la terraza de un café bullicioso, la mañana se va haciendo cada vez más ruidosa y calurosa. Y, hoy, ¿qué le inquieta especialmente a Rubén Castillo? «Me inquieta mucho el conformismo», responde, «el hecho de que la gente tolere con una quietud asombrosa la pérdida de valores, la pérdida de libertades, la pérdida de muchas cosas que se nos vende como concesiones que tenemos que hacer y que aceptamos con una anonadante alegría». «Todo -añade- empezó, probablemente, con el 11-S. A partir de ahí hemos visto normal que se nos registre en los aeropuertos, que se nos prohiba viajar con un botellín de agua, que se nos pongan cámaras en los comercios, que se nos diga que se van a poner cámaras en las calles; es un mundo orwelliano al que nos estamos dejando abocar casi alegremente, y eso me parece que es desasosegante porque supone perder unas libertades y unas conquistas que costaron mucha sangre y mucho sudor a mucha gente».

Cree el escritor que «hemos descubierto un mundo falso, que es el mundo de la televisión y del 'show business', y hemos perdido muchas cosas importantes; la solidaridad, por ejemplo, ya se nos vende en tarritos llamados ONG, pero el mirar a los ojos a la gente es algo que se ha perdido. Qué deterioro: hemos dejado de ver al otro como un ser humano, lo vemos como un número, como una estadística».

Salga usted a la calle

«Nula», responde cuando se le pregunta cómo es su relación con la política y con los políticos. «No entiendo nada», precisa, «pero es que creo que no lo entiende nadie. Los políticos ahora funcionan, en general, desconectados de la ciudadanía. Plantean cuestiones que, si uno las analiza con frialdad, ve que no le preocupan ni al 5% de la población. Cuestiones alejadas de los grandes temas, que son el trabajo, la sanidad, la educación, los servicios sociales, que esté atendido el anciano que carece de recursos...; esas son las grandes cuestiones y no, por ejemplo, si se da una hora de castellano o de vasco más o menos en la escuela». «Pero el político», prosigue, «ha adquirido tal fuerza que copa los medios. La gente ya no se asombra de que un telediario esté copado en un 80% por los políticos, y en el otro 20% por los deportistas. Parece algo normal, cuando no refleja la normalidad. Salga usted a la calle y pregúntese con cuántos políticos o con cuántos deportistas se encuentra; con lo que sí se encuentra es con la polución, con el mendigo que pide, con el pequeño comercio que tiene que cerrar porque no consigue ventas suficientes...».

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios

laverdad «Me inquieta mucho el conformismo»