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El escritor Ignacio Borgoñós, en Cartagena. :: J .M. RODRÍGUEZ / AGM
«Ama quien puede, no quien quiere»
Cultura

«Ama quien puede, no quien quiere»

El narrador cartagenero acaba de publicar 'La enfermedad de las niñas rubias', una colección de relatos premiados en varios certámenes Ignacio Borgoñós Escritor

GONTZAL DÍEZ

Martes, 1 de marzo 2011, 10:30

Colección de relatos, suma de cuentos. Ignacio Borgoñós (Cartagena, 1975) ha reunido sus narraciones breves, la mayoría de ellas premiadas en diversos certámenes regionales y nacionales, en 'La enfermedad de las niñas rubias' (Alfaqueque). Se siente cómodo Borgoñós en la distancia y tensión de cuento. Historias donde lo cotidiano se quiebra y la memoria se desliza para trastocar el presente.

- ¿Cómo definiría ese complejo mecanismo de precisión que debe ser un cuento?

- Debe ser directo, no hay mucho tiempo para recrearse en la narración. Debe ser certero y atrapar al lector en la tinta impresa desde la primera frase. Y por último, debe guardar en su interior alguna sorpresa. Es como entrar durante unos minutos en la vida de otras personas, pasmarse, y salir de allí con una sensación parecida a la que tenemos cuando decimos 'vaya tela'. Julio Cortázar sabía mucho de eso.

- La narración que abre el libro 'La enfermedad de las niñas rubias' es todo un tratado sobre la belleza. ¿Qué es la belleza?

- En grado extremo, como en mi cuento, claro está que es una enfermedad que ha afectado al hombre desde que éste pisa la faz de la tierra. Coloquialmente es otra cosa, es el placer sensitivo que nos traspasa y nos llega muy adentro. Por la belleza se han desatado guerras, mire la que se lió en Troya. Siempre han existido mareos ante la grandiosidad de Versalles, ese café en la veneciana plaza de San Marcos, luego está cuando dijimos aquello de 'qué preciosidad' ante el cuadro 'Muerte de Marat', de Jacques-Louis David, o cuando simplemente giramos la cabeza para ver en la tele a Kate Moss. Umberto Eco tiene una 'Historia de la Belleza', la cámara de Mario Testino la ha recogido y Tita Cervera hizo una exposición con esas fotos en sus dominios. La belleza está ahí, pero si tuviera que definirla, diría que es la gran desapercibida. Lo que ocurre es que no levantamos mucho la cabeza para contemplarla. Pero estar, ahí está.

- En sus cuentos, colección de cuentos tristes, por cierto, aparece la vida -vidas a contraviento- como un gran malentendido.

- Para explicar mis cuentos utilizaría esa frase con la que finaliza la bella película 'Tierras de penumbra', protagonizada por Anthony Hopkins, donde el actor encarna al escritor C. S. Lewis: 'El dolor de ahora es parte de la felicidad de entonces. Ése es el trato'. No me gusta calificarlos como tristes. Los protagonistas que yo edifico, parafraseando a Kavafis, son personas que alguna vez encontraron y retuvieron el placer tal y como lo deseaban. Solo que después hay un precio, claro está. ¿Malentendido? Pues sí, a veces ésa es por desgracia la base de la vida, el malentendido. Ama quien puede, no quien quiere. Gana dinero el que roba, no quien actúa lícitamente. Publican en grandes editoriales quienes escriben novelas narcotizantes, no quienes somos soldados veteranos de los tercios de la Literatura. ¡Qué gran infantería! Si la vida es un malentendido, la literatura debe reflejar esa situación para poder superarla.

- Sus personajes son una especie de 'perseguidores de ilusiones'…

- Sin ilusión, una persona se apaga. Llega al delta de su vida de manera anticipada. Al menos, durante el trayecto vemos luz. Y esa luz alguna vez refulge con tanta fuerza que valida la existencia, le da sentido. Una realidad de hipoteca, déficit y sálvame deluxe, es para pedir a gritos un cambio. Si no podemos revertir la situación, al menos tenemos en los libros a los perseguidores de ilusiones, que nos ayudan a comprender el mundo, a no perder el rumbo, a distinguir todavía entre el bien y el mal.

- ¿Qué persigue Ignacio Borgoñós?

- Persigo una carrera literaria digna, consecuente con el mundo que veo y que convoco en mis libros. Persigo una existencia digna, consecuente con mi entorno y que convoco cada vez que hablo con quien quiere escucharme.

- ¿Qué es la melancolía?

- Una parte de la vida en la que sólo conviene recrearse en determinados momentos bárbaros, para aprender la lección. Posdata: ésta siempre debe ser positiva, la memoria del amigo que murió, el buen recuerdo de la mujer que compartió tu vida...

- ¿Qué le deja perplejo?

- La parálisis en que vivimos. Estamos quietos. Nos dejamos pisar, humillar. Por eso me anima la revolución del norte de África, porque está en el propio hombre salir de las situaciones en las que unos pocos nos han metido a muchos.

- ¿Cree en el destino?

- Si admitiera el destino, entraría con él en mí un viento helado de creencias. Creo más en el día a día, en lo que hacemos para recoger frutos, y en lo que dejamos de hacer.

- ¿La literatura es memoria?

- Pues sí, de lo vivido, de lo añorado. A veces memoria del frío, y otras veces -las más soberbias- memoria de lo gozado. Dejamos por escrito lo mejor y lo peor de nosotros mismos, precisamente para eso, para que no se olvide. Los libros son la memoria del hombre.

- ¿El pasado es vengativo?

- Lo que sucede es que con el paso del tiempo, el pasado se vuelve imprevisible. Te puede salir al paso en el momento más inoportuno y recordarte viejas batallas, monstruos... El libro 'La enfermedad de las niñas rubias', está atestado de ese pasado imprevisible y a degüello.

- ¿La literatura es riesgo?

- Claro que lo es. Te arriesgas cada vez que alguien te lee. Nunca sabes qué cara pondrá. También te arriesgas con lo que escribes, no sabes dónde está el límite entre la honestidad contigo mismo como escritor y lo inteligible que debes volver tu texto para con los demás. En ese riesgo radica la chispa de la literatura.

- ¿Qué le emociona a usted como lector?

- La buena literatura, proceda ésta del género que proceda. Una novela de Camus o de J.M. Coetzee, una obra teatral de Arthur Miller, la poesía de Eloy Sánchez Rosillo, un cuento del caravaqueño Miguel Sánchez Robles.

- En sus relatos se asoman muchas vidas 'equivocadas'. ¿De qué se arrepiente usted?

- Como en el caso de mis personajes, de las ocasiones perdidas, de no haber sabido escuchar, de no haber tenido mayor temple o conocimiento.

- Me parece muy significativa esa mirada femenina que dirige muchos de sus cuentos incluso cuando el protagonista es masculino. ¿Por qué?

- Porque la visión debe ser integral. Un buen escritor debe saber hacer más interesantes a sus personajes de esta forma. Además, abogo por llegar a un encuentro entre las miradas femeninas y masculinas, en el centro está la virtud.

- H ay mucho material en estos cuentos que usted retoma en su novela 'Recitando a Petrarca'. ¿El cuento es una especie de laboratorio?

- Pongo en práctica proyectos que luego son susceptibles de convertirse en algo más grande, en una novela. El cuento es una golosina, es más rápido, inmediato, te reporta dinero en concursos. Lo que sucede es que como escritor trato de crear un universo literario personal, reconocible, como el de Auster o el de Umbral, donde se me identifique rápidamente, y en ese universo cuentos y novelas forman un todo.

- ¿La literatura es una obsesión?

- Yo ansío vivir de ella, y me obsesiona esa idea. Aunque a veces llego a un pacto de cordura, donde echo la vista atrás y veo lo que he conseguido. Entonces me siento orgulloso y humilde, y se me pasa por un rato la obsesión. Hay que tener en cuenta que además mis ratos libres son para leer y para escribir, con lo que ya no distingo si la literatura es una obsesión, o es que es así mi vida.

- Le noto cómodo en las 'distancias cortas'.

- Parece esto un anuncio de colonia Brummel, jajaja. En fin, que en la explosión de esa literatura en forma de cuento que yo aquí reivindico como una de las más bellas, estoy como bien dice usted, muy cómodo. Han sido muchos los cuentos escritos, los premios, los saraos literarios a los que he asistido gracias a ellos, y eso curte.

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