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DANIEL VIDAL dvidal@laverdad.es
Domingo, 3 de octubre 2010, 11:30
Pablo Artal Soriano (Zaragoza, 1961) no tiene pelos en la lengua. Habla sin tapujos y sin importarle el qué dirán sobre temas que pueden resultar muy embarazosos dentro de una institución como la Universidad de Murcia. Es un hombre valiente, y quizás eso le ha valido para convertirse en uno de los investigadores más prestigiosos del panorama científico internacional. Este catedrático, junto a sus compañeros, ha situado al Laboratorio de Óptica de la Universidad de Murcia en la elite mundial. Presidente de la Academia de Ciencias de la Región, Artal es el primer español que forma parte como miembro distinguido de la Asociación para la Investigación en Visión y Oftalmología, la organización mundial más importante en este ámbito. Los trabajos de este 'explorador del ojo' han recibido más de 3.000 citas y tiene en su haber ocho patentes internacionales. Pero lo que le motiva verdaderamente es comprobar el impacto que tienen sus avances en el día a día de la gente. Creó unas lentes intraoculares para mejorar la calidad de vida de los pacientes operados de cataratas y ya hay un millón de personas que las utilizan en todo el mundo. Los elogios le han llegado hasta en Singapur, donde una anciana le buscó infatigablemente para darle las gracias de forma personal. «Eso me reconforta», apunta.
-¿El Laboratorio es la 'niña bonita' de la Universidad?
-Es pionero en muchas cosas y hacemos ciencia aplicada. Eso es fácil de vender. Siempre que nos piden dar la cara y estar en primera línea porque viene la ministra, por ejemplo, pues lo hacemos. Pero eso no quiere decir que seamos los mejor tratados. De hecho, en la universidad no suele haber una relación clara entre los rendimientos, los resultados, la calidad y otras cosas, digamos (carraspea). Me he quejado por escrito. En la realidad, no se prima la excelencia. Hay otras cosas que, finalmente, pesan más. Los discursos oficiales no van acompasados con la realidad.
-¿La Universidad de Murcia le da lo que necesita?
-Siempre lo digo: los científicos somos como pequeños empresarios. Tienes que atraer tu propia financiación. La universidad te pone un espacio y te paga la luz y el teléfono. Y ya está. Lo demás tienes que conseguirlo fuera. Para eso tienes que tener ideas para conseguir los fondos que necesitas. [Y los consigue, porque la sesión de fotos se desarrolla delante de un láser que cuesta «un milloncito» (de euros), el más potente de Madrid para abajo].
-¿Se le valora más fuera de la Región de Murcia que dentro?
-Eso siempre pasa. Y fuera de España también. Hace poco, un investigador que está constantemente en los medios de comunicación me nombró en televisión como creador de las lentes de las que estaban hablando y allí no sabía nadie quién era ese señor de Murcia. Es normal. Además, sólo importas si haces cosas fuera. Invitan a ópticos americanos a conferencias en España y esos mismos científicos me llaman para preguntarme «¿por qué me llaman a mí si voy a hablar de las cosas que tú me has dicho o enseñado?» Pero queda mejor invitar a un tío de Estados Unidos que a uno de Murcia. Eso es normal. Lo asumimos.
-¿De qué avance científico se siente más orgulloso?
-Las cosas que hemos hecho en lentes intraoculares para pacientes operados de cataratas (que se sustituye por el cristalino dañado) me dan mucha satisfacción. También estamos haciendo avances con lentes intraoculares ajustables con luz, algo que se está trabajando en La Arrixaca con 200 pacientes, los primeros en el mundo. Ahora se están utilizando en la sanidad privada de Alemania o Inglaterra y cada lente cuesta 6.000 euros.
-Creó una empresa de base tecnológica, Vóptica, para transferir a la sociedad los avances científicos del Laboratorio. ¿Cómo le va?
-Tardamos dos años en hacer los papeles. La burocracia... Decidimos que nosotros mismos podíamos explotar nuestro trabajo. Es la idea de Vóptica. En otros países es común. Aquí era menos conocido... Estamos en la fase de buscar la financiación para arrancar. Por cierto, fuera de España.
-¿No encuentra inversores aquí?
-Lo que me mosquea un poco y me frustra es que aquí vienen vendiendo motos a los políticos. Auténticas motos. Un parque de no sé qué, unos coches de no sé cuánto... Cosas alucinantes. Es muy desproporcionado. Como le he dicho, veo diferencias entre el discurso oficial y la realidad. No sólo en Murcia, sino en todo el país. Dicen que hay que cambiar el modelo productivo y al mismo tiempo recortan un 10% las inversiones. Ni en Murcia ni en España, los políticos no se creen que tengamos capacidad para hacer cosas. Y verdaderamente, la investigación que hacemos en el Laboratorio está al nivel de Harvard o Cambridge, por ejemplo, en cuanto a recursos humanos y resultados. Si hiciéramos allí lo que hacemos aquí, estaríamos en el 'New York Times' muchos días. Además, la ciencia no suele encajar en política. La mayoría de los políticos quieren cosas a corto plazo, como las elecciones. La ciencia y la universidad son plazos largos e inciertos. Se mete 'pasta' en Fórmula 1, por ejemplo, y estás todo el día en los periódicos, aunque sea una ruina. Pero queda mejor y es más rápido que apostar por la investigación.
-Habla de Harvard o Cambridge. Dos de las mejores universidades del mundo ¿En qué lugar está la Universidad de Murcia?
-No hay ninguna universidad española entre las 200 mejores del mundo. La de Murcia no aparece en las 500 primeras. ¡500! Es vergonzoso.
-¿Y por qué no aparece?
-Pues muy claro. Porque somos malos. Porque no estamos haciendo lo que hay que hacer para estar entre las mejores. No se trata de hacer edificios. Es invertir en traer a los mejores profesores, a los mejores investigadores. Y no hace falta que le diga cómo crecen aquí las plantillas. Cuando yo voy a contratar, elijo al mejor. Venga de donde venga. Pero en la Universidad de Murcia y en la española todavía hay esa endogamia que hace primar otras cosas. Es un círculo vicioso brutal de mediocridad y sigue pasando en los departamentos universitarios. No se prima contratar a los mejores. Salvo individualidades, no aparecemos en el mapa mundial de ciencia. Oficialmente debe haber muchísimos grupos de investigación en la Región. Cientos. Pero que realmente hagan ciencia competitiva, hay 20 ó 30 grupos. Y ya está. Hablamos de ciencia de calidad, de primer nivel.
-¿Sufrimos fuga de cerebros?
-Lo que no tenemos, desafortunadamente, es lo contrario. Atraer. Que es la única forma de saltar cualitativamente. Si consigues traer a dos ó tres investigadores que sean líderes en sus respectivos campos, saltas cien puestos en esa lista. Nosotros trajimos en su día a Colchero, a Oller, a Montalvo... Son punteros. ¿Fuga de cerebros? Tampoco. Pero no me parece mal del todo que los investigadores se vayan, siempre que el saldo entre los que se van y los que vienen sea a favor de los que vienen.
-El avance tecnológico en ordenadores, pantallas y demás, ¿va en contra de la salud de nuestros ojos?
-Yo creo que no. Lo que sí sabemos es que en África no hay miopes. En Singapur o en Japón, el 80% de los niños son miopes. Pero también influyen factores genéticos. Unos estudios recientes muestran que si los niños juegan al aire libre, con mucha luz, durante un cierto tiempo al día, se evita en un porcentaje alto que se desarrolle miopía.
-¿Se podrá prevenir la miopía algún día?
-Estamos en ello y ya tenemos una patente. El ojo se hace miope porque crece mucho. Parece ser que lo que provoca que el ojo crezca es la vista periférica, la que no enfocamos cuando miramos. Estamos intentando medir en los niños esta zona periférica y hemos creado unas gafas que no corrigen la miopía, sino que bloquean las señales que le dicen al ojo que crezca, por decirlo de alguna manera. Esa es la patente. También hay unos investigadores australianos que han empezado estudios clínicos. Si esto funciona, todos los niños con predisposición genética se podrían poner estas gafas o unas lentillas para evitar que el ojo crezca. Estamos más cerca que nunca de prevenirla, aunque aún no hay nada seguro.
-¿Desaparecerán alguna vez las gafas como elemento corrector de visión?
-Alguna vez dije algo relacionado con esto y me pusieron a parir. Es una tecnología del siglo trece y de alguna manera sí, desaparecerán.Y llegarán gafas optoelectrónicas. La gafa como tal, podría quedar obsoleta. Aunque no inmediatamente.
-¿Y qué hay de la presbicia (vista cansada)? ¿Se buscan soluciones?
-Llevamos varias líneas de investigación en este sentido. Todo el mundo busca una solución que no sean las gafas para ver de cerca. Pero todavía no la hay.
-La Academia de Ciencias de la Región es un órgano consultivo... ¿Se les ha consultado algo sobre los planes de Ciencia y Tecnología del Gobierno regional?
-Hubo mesas... Contrataron una empresa de consultoría, que montó unas mesas de consulta. Una de científicos, en la que estuve yo. Tres horas. Y otra mesa con las academias. Eso fue unas dos horas...
-¿Cinco horas en total?
-Sí...
-Acabamos con el proyecto del Campus de Excelencia... ¿Le parece una oportunidad?
-Va a ser difícil que se conceda... La excelencia de la que se habla debe ser investigadora. Ahí deben destacar las universidades. Pero creo que va a ser una merienda de negros política y lo que me preocupa es el minúsculo peso político de Murcia. Soy bastante escéptico y creo que cada pequeña cosa que se hace en la Universidad va en contra de la excelencia, pero ojalá me equivoque.
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