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Balsa que da nombre al área recreativa La Balsa, en el Parque Regional de El Valle. :: FOTOS: GUILLERMO CARRIÓN
Perderse en El Valle
LA RUTA

Perderse en El Valle

Un recorrido por el pulmón de Murcia y su zona de recreo y esparcimiento con más valores ambientales

PEPA GARCÍA FOTOS: GUILLERMO CARRIÓNpegarcia@laverdad.es

Viernes, 10 de septiembre 2010, 15:06

El Parque Regional de El Valle y Carrascoy es el pulmón de Murcia y su zona de recreo natural. Con casi 17.000 hectáreas, esta zona de pinares, salpicada de sotobosque mediterráneo está casi íntegramente declarada Zona de Especial Protección de Aves y una buena parte está catalogada como Lugar de Interés Comunitario por el valor de las comunidades de fauna y flora que alberga.

Sumados a los atractivos naturales de este espacio boscoso, a tan sólo 6 kilómetros del centro urbano, en la zona abundan conjuntos monumentales y arqueológicos de gran valor y, además, múltiples instalaciones lo convierten en el lugar ideal para que los habitantes de Murcia y alrededores lo usen como lugar de ocio y esparcimiento.

El recorrido empieza por el Santuario de la Fuensanta, desde cuyo mirador es posible ver el valle del Segura sobre el que se asienta Murcia en toda su extensión, también se puede visitar el templo barroco, en el que las manos de Toribio Martínez, Jaime Bort, Francisco Salzillo y Roque López han dejado su impronta.

Junto al Santuario de la patrona de Murcia, unos metros más abajo, se puede disfrutar de un refrigerio y un tentempié en la terraza Quitapesares, un pequeño quiosco, con mesas al aire libre, que permite disfrutar del atardecer, la refrescante brisa del monte y de unas vistas deliciosas. Además, en la zona hay juegos infantiles, para que los más pequeños disfruten a lo grande. Si busca tranquilidad no suba el próximo martes, día de la Romería, pues estará atestado de romeros.

Otra parada ineludible para quien quiera perderse por El Valle debe ser La Luz: tanto el eremitorio como el Centro de Visitantes. El eremitorio, donde se rinde culto a Nuestra Señora de la Luz, está abierto al público todos los días, aunque su interior está falto de una mano maestra que restaure su esplendor; en las dependencias aledañas doce frailes viven su recogimiento y fe ahora, después de que la muerte del último fraile de la Orden de la Luz en 2002 pusiera en peligro esta congregación centenaria, pues fue en el siglo XVIII cuando los ermitaños que habitaban las numerosas cuevas de la zona la fundaron.

El Centro de Visitantes de la Luz ofrece también múltiples oportunidades. Desde subir a su mirador y contemplar, con prismáticos, todo el valle del Segura hasta realizar una visita guiada (a las horas en punto) en el museo, que acerca al visitante a la cultura de los íberos, con una maqueta de lo que pudo ser el santuario del que hoy se pueden ver in situ los restos, réplicas de los exvotos de bronce encontrados en los años 90 -los originales están en el Museo Arqueológico de Murcia-, así como sus costumbres 'religiosas'. Otra sala está dedicada a los eremitas, que antes del siglo XVIII oraban en las cuevas, así como al Convento de Santa Catalina del Monte -que fue retiro de verano de los Obispos- y al Santuario de la Fuensanta.

La última sala del centro de La Luz recuerda la función de retiro estival que cumplieron las poblaciones de El Verdolay y La Alberca a principios del siglo XX para las familias pudientes que en la época habitaban Murcia.

El Centro de Visitantes de La Luz, ubicado junto a los restos de muralla del Castillo de La Luz, considerado el más antiguo de la Región (s.XI) y probablemente anterior a la fundación de la ciudad de Murcia, también existe un Aula de Montaña, que lleva la empresa Gran Blanco, desde la que se organizan excursiones por los senderos de El Valle y talleres de iniciación al montañismo y la escalada, así como otros dedicados especialmente a los niños a partir de 6 años. Allí mismo, el responsable del aula, Francisco José, les puede dar la información necesaria para realizar una ruta de senderismo por la zona y con una dificultad adecuada a las necesidades del grupo.

En el propio centro, existe un bar-cafetería donde, previo encargo, se puede comer un sabroso arroz o un rustido asado, y hasta dieciocho platos combinados para coger energías con las que luego seguir perdiéndose por El Valle.

El Área Recreativa La Balsa, popularmente conocida como Los Peces, ha sido rehabilitada hace poco y se encuentra en muy buen estado. Junto a la zona de mesas y bancos que hay bajo un bosque de eucaliptos y justo debajo de la terraza del quiosco, existen zonas de recreo para niños, y la balsa que da nombre a la zona aparece poblada de peces y tortugas que algunos ex amantes de las mascotas han abandonado a su suerte. En el quiosco La Balsa los aperitivos (caballitos, marineras, pulpo, calamares, montadidos,...) y los quintos bien fríos son consustanciales.

En las inmediaciones de La Balsa, se puede acceder al Centro de Visitantes El Valle, para conocer a fondo la diversidad y riqueza medioambiental del Parque Regional de El Valle y, también muy cerca está Arboretum, un taller de naturaleza que cuenta con un jardín botánico que alberga hasta 600 plantas de 108 especies distintas, debidamente identificadas para los visitantes.

La penúltima parada la hacemos en el Centro Ecuestre de Educación Ambiental El Valle, situado en las inmediaciones de las Canteras del Valle, un lugar de esparcimiento y recreo para grandes y mayores que ofrece recorridos aéreos, goming, paseos a caballo, clases de equitación, rocódromo, circuitos de aventura e incluso una zona de campamento indio para que los pequeños pieles roja disfruten como enanos. Además, en este centro, el Proyecto Centauro-Quirón desarrolla sesiones de equinoterapia para personas con enfermedades mentales o discapacidades. Este centro también dispone de un servicio de bar que, por encargo, organiza celebraciones o comidas multitudinarias.

Por último, un nostálgico regreso al Valle Perdido, un espacio que para los niños de finales de los setenta principios de los ochenta permanece en la memoria gracias al fuerte al más puro estilo del oeste que dio rienda suelta a su imaginación. En los últimos tiempos, las instalaciones han perdido su lustre, las pistas polivalentes carecen de canastas y porterías, y los columpios de la zona están todos rotos y destartalados -la Comunidad ha sacado a contratación pública la construcción y explotación del quiosco y las pistas deportivas, las ofertas se pueden presentar hasta el 24 de septiembre-. Aún así, es un lugar tranquilo en el que brilla la naturaleza y donde uno se puede relajar. Tanto es así que el torero murciano Alfonso Romero aprovecha la paz de este paraje y la infrautilización de las pistas de tenis para convertirlas en ruedo improvisado durante sus entrenamientos. Allí lo encontramos acompañado de su amigo Juan y su elegante y estilizado 'toro' Pablo, poniéndose a punto para su próxima cita.

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