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JUAN NAVA
Jueves, 15 de abril 2010, 03:17
Su padre afirma que no es ningún niño-prodigio, pero ante Alejandro Escudero resulta poco menos que inevitable acordarse de la figura de Arturito Pomar, el niño-prodigio del ajedrez español en la década de los cuarenta y cincuenta que asombró a todos por su precocidad y sus resultados en el tablero.
Salvando las distancias -que las hay-, el caso de Alejandro Escudero tiene bastantes similitudes con las del niño mallorquín que, de mayor, se codeó con las grandes figuras del ajedrez de su época y se convirtió en uno de los ídolos de la España franquista de la postguerra.
Alejandro es un chaval normal y corriente de 13 años que cuando se pone delante de un tablero de ajedrez se transforma. De los considerados estudiosos, no ha suspendido nunca en los cursos que han precedido a 2º de la ESO, que es el que actualmente cursa. Hace una vida totalmente normal: clases durante la semana lectiva y sábados y domingo dedicados a jugar al ajedrez, bien participando en el torneo Educajedrez, de la mano de su mentor Manuel Albarracín, o en torneos de mayor enjundia, como el de La Roda (Albacete), que es el último en el que ha participado.
Alejandro lleva así desde que a los cuatro años su tío le inició en los secretos del tablero y desde los seis años es habitual participante en diversos torneos, ora con chavales de su edad ora con adultos e incluso con maestros y grandes maestros del tablero.
«A los chicos de mi edad les ganó bastante fácil y en muy poco tiempo; a los adultos me cuesta más, pero generalmente también les suelo ganar», cuenta sin falsa modestia Alejandro en un descanso entre partida y partida.
Tanto es así que ha llegado incluso a jugar contra grandes maestros. Y lo que pudiera parecer un duelo completamente desigual, a la postre no lo fue tanto. Alejandro perdió, sí con Mihail Suba (un gran maestro que figura en el ranking entre los diez primeros del mundo), pero le llenaron de orgullo los elogios que al final le dedicó el gran maestro: «Me dijo que si hubiera avanzado un peón incluso hubiera podido ganarle; es más, un día conseguí arrancarle unas tablas».
Ni Alejandro ni su padre quieren que se le considere un 'niño-prodigio', sino simplemente un joven que tiene talento para jugar al ajedrez, pero no es fácil. Pertenece al club Casa del Ajedrez y con él ha ascendido a la División de Honor y está considerado como una de las más firmes promesas del ajedrez español.
Está entre los tres primeros jugadores de España sub'14 y ha jugado cuatro veces el Campeonato de España de su categoría. A la hora de referirse a su ídolo, no lo duda: «Gary Kasparov es el jugador que más me gusta por su forma de jugar seria e intuitiva. Me encantaría parecerme a él y trabajo todos los días para conseguirlo».
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