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La politización del medio ambiente

En Estados Unidos la tesis conspiratoria ha hecho furor aunque Obama haya manifestado su propósito de impulsar medidas que reduzcan la emisión de gases, lo que implica un costo para la industria

INOCENCIO F. ARIAS

Martes, 13 de abril 2010, 02:58

La contienda del medio ambiente entra en un momento crucial. La politización es galopante; los defensores de la urgencia de detener el calentamiento global son más abundantes entre las personas de ideología progre mientras que los que lo cuestionan proceden más de filas conservadoras. En Estados Unidos la politización es patente. Recientemente, los escépticos del mundo han encontrado abundante munición.

La cacareada Conferencia de Copenhague sobre el tema arrojó resultados mediocres. Los grandes emisores de gases, China, Estados Unidos… fueron cicateros en adquirir compromisos vinculantes y el cónclave tuvo momentos esperpénticos. La delegación china comunicaba a Obama que su presidente se había marchado… y Obama lo encontraba reunido con líderes de países emergentes (Brasil, Sudáfrica, etc…). Europa jugaba un papel de comparsa.

En el lado mediático, los que cuestionan el tema han recibido dos suculentos balones de oxígeno:

a) Un Informe de un organismo de la ONU (del IPCC) pontificaba que los glaciares del Himalaya empezarían a fundirse dentro de unos 25 años. Era una memez sin ninguna base rápidamente aprovechada por los negacionistas.

b) El 'Climagate'. Unos piratas informáticos saquearon la red de una universidad británica y revelaron correspondencia entre defensores de la tesis de la amenaza medioambiental. Los correos mostraban aspectos poco halagüeños de los científicos. Discutían cómo torpedear la circulación de información contraria a sus ideas, se alegraban de la muerte de un adversario, etc… Los escépticos no necesitaban más para propalar algo que les regocija: hay una conspiración progresista para asustar a la opinión pública. Una comisión parlamentaria opinaría más tarde que, prescindiendo del acaloramiento de alguna de las cartas, no había motivos para dudar de la buena fe de los científicos. El mal ya estaba hecho, el 'Climagate' dio la vuelta al mundo y ha sido enarbolado por los medios que no creen o no quieren creer en el calentamiento global o en sus peligros.

En Estados Unidos la tesis conspiratoria ha hecho furor, aunque Obama haya manifestado su propósito de impulsar medidas que reduzcan la emisión de gases lo que implica un costo para la industria (en compensación, anuncia algo querido por la oposición republicana: licencias para perforaciones en la costa oeste y en Alaska).

En el país, los medioambientalistas, con todo, pierden terreno. Hoy, el 48% de la población opina que la amenaza del calentamiento está exagerada. En 2008 era sólo el 35%. Los no creyentes en la amenaza tienen sus portavoces en Sarah Palin, que ha debutado en un programa de televisión, y en los santones radiofónicos de la derecha, los más escuchados hoy, que se han dado un festín con el Climagate. Curiosamente, el grupo halla unos aliados formidables en 'los hombres del tiempo' de la tele y de la radio que resultan ser unos escépticos de tomo y lomo.

El que ha causado más impacto en su negativa ha sido el veterano John Coleman, que, a sus setenta y seis años, se dice ha presentado más de un cuarto de millón de pronósticos del tiempo. La razón de esa hazaña es que Coleman fue el inventor del 'Canal del tiempo' donde aparecía muchas veces al día y que sería una mina de oro. A los cuatro años de su creación ya ganaba dinero y hace dos tenía la increíble cifra de 78 millones de espectadores. No es raro que la NBC lo comprara por 3,500 millones de dólares.

Coleman estaba casi retirado cuando pilló un berrinche. Veía un partido nocturno de fútbol americano cuando en un par de ocasiones hubo pausa y apagón para mentalizar a la gente sobre la importancia del ahorro energético. Se sublevó ante lo que le parecía una solemne tontería. Escribió un ensayo ampliamente difundido: «El calentamiento global es el mayor timo de la historia», concluyó.

Con el estallido de Coleman varios de sus colegas salieron del armario convencional: 29% coincidían en lo del timo y los que tienen dudas sobre que el calentamiento sea obra del ser humano empiezan a ser mayoría entre ellos.

Lo malo para los ortodoxos es que el 66% de los estadounidenses confiesa que las personas en que confían en el tema del calentamiento son los hombres del tiempo, causantes, al parecer, del crecimiento de los escépticos.

De lo que deducimos que la reducción de emisiones buscada por Obama no prosperará a corto plazo. El Congreso remoloneará.

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