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JOSÉ MONERRI
Lunes, 2 de julio 2007, 02:52
Pozo Estrecho, diputación que está a once kilómetros de Cartagena y que se honra de haber elegido como patrón a uno de las Cuatro Santos, Fulgencio, tiene como referencia histórica la que cita Molina Molina remitiéndose a un documento del año 1515 titulado Relaciones de ejidos repartidos por orden del Concejo a los ganaderos. También Vicente Montojo -como señala Juan Antonio Gómez Vizcaíno es su libro Pueblos de Cartagena-, nos relata el contenido del acta capitular de 3 de julio de 1559, en la que se cita a Pozo Estrecho para atender a Cartagena ante la amenaza berberisca.
Pozo Estrecho tiene como productos que le dan fama los vinos, la miel, el arrope, los melones -que pueden competir con los mejores- y las tradicionales pelotas que constituyen uno de los importantes reclamos en la festividad de San Fulgencio, cuando los galileos echan la casa por la ventana. De Pozo Estrecho es también la más que centenaria banda de música Santa Cecilia y se ha distinguido también siempre por sus actividades culturales. Es una diputación que, lindando con el término municipal de Torre Pacheco, posee una sólida personalidad en el entorno del Campo cartagenero.
Allí, en Pozo Estrecho, como recuerda el presbítero Antero García Martínez, académico de la Real de Bellas Artes de San Fernando, nació el 15 de febrero de 1881 Carmelo Ballester Nieto, que fallecería en Madrid en 1949. Fue bautizado en la iglesia de Santa María de Gracia de Cartagena, entrando en el Seminario Diocesano de Murcia donde recibió la tonsura.
En el año 1898 se trasladó a Francia para ingresar en el Seminario de la Congregación de la Misión. Ordenado sacerdote en 1903, inauguró su sacerdocio con una misión como vicario parroquial en la iglesia de San Luis de los Franceses de Lisboa. La proclamación en 1910 de la República francesa desencadena una persecución religiosa, y las turbas asaltan la residencia de la Padres Paúles portugueses y asesinan a varios de ellos. El Padre Ballester, protegido por la inmunidad diplomática de la embajada francesa, protege el patrimonio material y espiritual de los Padres de la Misión y de las Hijas de la Caridad.
En 1919 le destinan a Madrid, y en 1924 le nombran director provincial de las Hijas de la Caridad de hábito gris. Llevó la responsabilidad de las asociaciones de San Vicente, de las Hijas de María y las Luisas. Dio un vigoroso impulso, promoviendo el congreso celebrado en Madrid en el año 1934. Durante la Guerra Civil, hombres armados invadieron la Casa Provincial de las Hijas de la Caridad de Madrid, el Padre Ballester se refugió en el Hospital de San Luis de los Franceses y desde allí logró salir de España.
El 15 de mayo de 1938 -en plena Guerra Civil- era consagrado en Pamplona obispo de León y un mes más tarde entra solemnemente en su diócesis. Cinco años después, en 1943, era trasladado a la diócesis de Vitoria, que comprendía todo el País Vasco (Álava, Vizcaya y Guipúzcoa).
Otros obispos
Al cabo de cinco años en Vitoria, la relevancia adquirida por el obispo Ballester atrajo la mirada de la Santa Sede y en 1948 le nombró arzobispo de Santiago de Compostela. No llegó a tomar posesión, falleciendo en Madrid en 1949 y siendo enterrado en la catedral de Vitoria donde reposan los restos de un hombre que había nacido en la diputación cartagenera de Pozo Estrecho.
El Ayuntamiento de Cartagena, para perpetuar su memoria, le dedicó una calle en Los Gabatos, diputación de El Plan, que tiene su entrada por la del Poeta Pelayo y salida por la de la Subida de El Plan y que atraviesa la calle Río Sil.
La diócesis de Cartagena, además de obispos de la Comunidad regional, ha aportado prelados nacidos en la misma Cartagena. Antero García Martínez como el más conocido de los prelados murcianos en América es Francisco Verdín de Molina, nacido en 1624 y muerto en 1674, cartagenero de ascendencia genovesa, obispo de Guadalajara, de Jalisco y Michoacán.
También cartagenero fue Bernardino García, antiguo alumno de los jesuitas de Murcia, de quien se tiene la escueta noticia que da el cronista Alcázar en su Chrono-historia, mencionándole como obispo electo en Indias a finales del siglo XVII, aunque al parecer no aceptó la mitra.
De Cartagena, si bien una generación posterior, es el franciscano fray Nicolás Delgado, aunque nacido en Orán, reasentado muy joven en la urbe cartagenera. Definidor de su orden en la Provincia Franciscana de Cartagena y luego misionero en Indias, fue preconizado para ocupar la mitra de Nicaragua y Costa Rica.
Por el contrario, se desconoce el instituto concreto a que estuvo adscrito fray Lucas Ramírez, obispo auxiliar de Cartagena en 1769, siendo titular Diego de Rojas y promovido a la sede de Chiapas, que en otro tiempo desempeñara fray Bartolomé de las Casas.
También dejó huella en Cartagena el obispo Francisco Cavero Tormo, nacido en Murcia el 24 de mayo de 1882 y fallecido en Coria el 10 de abril de 1949. Nombrado coadjutor autónomo de la Rectoría de San Pedro, de Murcia, simultaneó el cargo con la cátedra de Latín, Lógica y Deontología hasta el curso de Curatos de 1912, en el que obtuvo la parroquia del Salvador de Caravaca y en el siguiente la de Santa María de Gracia de Cartagena.
Fue canónigo en Granada, donde el cardenal Casanova le nombró rector del Seminario. Desempeñó también el cargo de vicario de la Diócesis de Almería durante el período que estuvo vacante el obispado. Fue preconizado obispo de Coria el 9 de diciembre de 1944 y consagrado en Granada el día 24 de febrero de 1945.
Durante los cuatro años de su pontificado se dedicó intensamente a sus tareas pastorales, publicando documentos sobre la santa visita pastoral; carta pastoral sobre San Pedro de Alcántara; sobre cofradías sacramentales, educación postescolar; el Espíritu Santo y su acción en la Iglesia y en las almas; sobre el consuelo de morir cristianamente, publicada precisamente un mes antes de su muerte.
El Domingo de Ramos, bendecidas las palmas, salió en procesión y, a los pocos metros, se inclinó, sin llegar a caer, pero llevado al palacio episcopal, los facultativos certificaron defunción por derrame cerebral. Fue enterrado en la catedral de Coria.
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