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PACO BELMONTE
Viernes, 9 de febrero 2007, 02:46
En Italia, los tifossi del voleibol muestran un entusiasmo endiablado por las jugadoras, elevándolas casi a los altares deportivos, y en muchos casos, por encima de los hombres. Allá en donde el sol aprieta, Brasil, Cuba, Puerto Rico o República Dominicana, las chicas del voleibol se ven acosadas por la fanaticada para hacerse fotos, firmar autógrafos o acudir a los programas televisivos. En la Región no se ha llegado a tanto, pero el tirón del Grupo 2002 ya se deja notar. Ropas ceñidas a más no poder, jugadoras esculturales, regalos a destajo, un autobús que parece un hotel... el Grupo 2002 de Evedasto Lifante está llevando cientos de personas cada fin de semana al Príncipe de Asturias, dándole un tirón desconocido hasta ahora a este deporte en la ciudad.
Atrás quedan las polémicas suscitadas cuando se ha intentado dar un giro de tuerca a este deporte, mostrando a las chicas ante el espectador, siendo su físico un reclamo más para que las gradas estuvieran repletas. Esos maillots ajustados y contorneando el cuerpo de las jugadoras suscitaron una polémica atroz, aunque algunos conjuntos mantienen ese tipo de indumentaria, casi un bañador, como el Panathinaikos en Grecia. Pero hay otras muchas formas de incentivar para el voleibol siga creciendo como una de las propuestas más atractivas en el deporte femenino.
La chica relacionada con el voleibol se entiende como una figura llamativa. Incluso, algunos escritores idealizan con esa figura. El escritor Stephenie Meyer, en su novela Crepúsculo, un amor peligroso, le da a su personaje femenino una curiosa definición: «Debería ser alta, rubia, de tez bronceada, quizá una jugadora de voleibol...». Quizá esa idealización, y el gran nivel que hay en varios países ha provocado que el mercado de jugadoras se haya puesto por las nubes, que las estrellas cobren grandes sueldos y que cada vez haya más galácticas en este deporte que cotiza al alza.
El proyecto del Grupo 2002 va encaminado a lograr esa cultura del voleibol en nuestra ciudad, pero acompañada de todo un arsenal de iniciativas, propuestas y actos que adornan todo lo que ocurre en la cancha. En el Príncipe de Asturias se ven cada vez menos butacas vacías, y al igual que ocurriera en la Copa de la Reina del año pasado, más de 2.000 personas han visto de cerca algunos partidos de la Superliga femenina.
De altura
Por eso, el compromiso, la presión y la atención mediática es cada vez mayor. «Cada país es una historia, pero sin duda, este deporte está alcanzando una cota importante en España, y creo que en Murcia, si este año hacemos bien las cosas, va a crecer a un ritmo agigantado», comenta la dominicana Annerys Vargas.
Tanto la rusa Lioubov Kilic como la polaca Glinka saben lo que es triunfar en Italia. Allí el voleibol es otra historia. «Hay ciudades donde es el primer deporte y no pasas desapercibida», comentan.
En el Grupo 2002 Evedasto Lifante ha logrado rodearse de un cúmulo de estrellas que aún deben brillar mucho más que hasta ahora, ya que Marichal ya demostró que sigue un nivel por encima. Las webs internacionales cuelgan la última hora del equipo murciano, que se ha empeñado en que el voleibol sea un deporte de moda. Y las chicas, de tez clara, morena, o claroscura saben que su deporte va camino de ser el más atractivo.
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