Secciones
Servicios
Destacamos
GONTZAL DÍEZ
Viernes, 22 de diciembre 2006, 02:57
El murciano, sesenta años, bien vividos, se llama Pío Ponce de León, «tal tipo de patriarca viejotestamentero que se podría adornar un altar barroco con él». Murciano, pero galleguíbiri pese a tener casa, con piscina, en la mismísima ribera del Segura. Él es el protagonista de Muerte de un murciano en La Habana, novela por la que Teresa Dovalpage (La Habana, 1966) ha sido finalista del Premio Herralde. Humor en un país con hambre. Dovalpage es autora también de las novelas A Girl like Che Guevara y Posesas de La Habana.
Jineteras, apagones, santeros travestis, gays metrosexuales, muchachas pánfilas, gentes que se sienten «con las alas del corazón caídas», gentes de «tiznada reputación», gentes inmersas en una «marejada de mala suerte» y gentes de velazqueño aspecto se dan cita en esta novela que en ocasiones se convierte en un manual de supervivencia caribeña.
Una historia de amores extraños, de pasiones con recovecos y dudas; de necesidad y picaresca.
-¿Por qué un murciano? Hay incluso referencias a la Huerta del Segura y al Casino de Murcia...
-Pasé por Murcia hace unos cuatro años y me enamoré de la ciudad. Me hubiera gustado quedarme a vivir allí. Ustedes lo tienen todo: buen clima, bellezas de arquitectura, gente amabilísima, comida deliciosa... Llevar un murciano a La Habana fue mi modesto homenaje a la ciudad. Del Casino recuerdo sobre todo las peceras. Qué sabroso, estar de tertulia y poder enterarse de lo que pasa en la calle al mismo tiempo. Ahora mismo estoy tratando de convencer a mi marido para ir de nuevo durante las Fiestas de Primavera.
- No me negará que se trata de una crónica con final anunciado.
-De modo que lo más importante no es qué va a pasar, sino de cuándo, cómo y por qué.
- 'Todo lo que sucede, conviene', dice uno de los personajes de su novela. Una optimista forma de enfrentarse con el presente.
-Y que se usa hoy día en Cuba tanto como el cerelac, una especie de cereal que ha sustituido a la leche fresca. Sin ese optimismo, ¿cómo se las arreglaría la gente para mirarle la cara (los descarnados hocicos, a veces) al nuevo día? Hombre, cuando se va la luz en la mitad de la película del sábado es difícil encontrarle una aplicación práctica al refrancito, pero en fin...
- 'Vivir mejor o vivir más porque lo que una lleva aquí no es vida'. ¿Eso es un resumen de la actual situación en Cuba?
-Para mucha gente, sí. Supongo que depende de a quién le preguntes. Tengo una amiga que mantiene un negocio muy activo, alquilando los cinco cuartos de su casa a turistas y cambalachando lo que éstos le dejan, o vendiéndolo en el mercado negro. Ella está en sus glorias. Y otro que trabaja de chófer para una corporación italiana y piensa que vive en el mejor de los mundos posibles porque sus jefes le han prometido un viajecito a Milán el año próximo.
- 'Aquí no funciona ni la ley de la gravedad'. ¿Es tan grave?, ¿esa es la razón por la que usted vive en los Estados Unidos?
-Sí, es bastante grave. Y desde luego que me fui huyéndole al malvivir. Pero ni aunque restauren todas las leyes que hoy no se cumplen (y algunas más) yo regresaría. Ya estoy aplatanada en Alburquerque, por más que aquí no te encuentres un árbol de plátanos ni en cien leguas a la redonda.
- ¿Es una novela sobre la picaresca caribeña del siglo XXI?
- Huy, no lo había pensado, pero me encanta la definición. ¿Gracias, chico!
- El turismo sexual está muy presente en esta narración...
-Tanto como en la vida cotidiana allá en la islita. Sin embargo, preferí un personaje como el de Maricari, que no es jinetera declarada, sino chica más o menos decente a quien las circunstancias obligan a actuar como lo que no es. Es muy común que cubanas (y cubanos) se casen con extranjeros de quienes no están realmente enamorados para salir del país o vivir allí mismo un poco mejor. A veces el arreglito sale bien. Otras, pésimamente.
- Hay muchas referencias a Velázquez en la novela, ¿por qué?
-Me gustan mucho sus cuadros, sobre todo el uso que hace de los espejos. Desde que tomé una clase de historia del arte tenía la idea de incluir referencias a cuadros de Velázquez en alguna novela.
- Una novela dividida en actos y cuadros y con muchos monólogos interiores. ¿Por qué escogió esta estructura, esta forma de narrar?
-Los actos y cuadros, porque esa es la estructura de una zarzuela. Los gavilanes actúa como trasfondo, aunque subvertido, de la narración principal. El indiano no va a América a hacerse rico, sino que corre el peligro de perder allá desde lo que llevaba puesto hasta la vida misma.
- ¿Cree que esta narración se publicará en Cuba?
-Por el momento, lo dudo mucho.
- Cuando se escribe sobre un lugar en el que no se vive, ¿se escribe desde la nostalgia?
- La verdad es que no siento la más mínima nostalgia y ya llevo diez años fuera de Cuba. Mis amistades se escandalizan cuando me oyen, pero jamás he extrañado ni un poquitico así (la mitad de una uña) la vida allá. ¿Nostalgia de qué? ¿De los camellos, los apagones, los latones de basura volcados en la calle? ¿¿Nostalgia del cerelac?! ¿Uff! En todo caso, escribo desde el alivio.
- Incluso usted también se cuela en la novela con voz propia...
-Bueno, lo hice más bien por colar a mi madre. Así mismo habla ella, es su voz. Las frases más deslenguadas de mis libros son suyas, pues se manda un vocabulario de padre y muy señor mío... Luego la gente me pregunta que de dónde saco yo semejantes guarradas. En mi novela Posesas de La Habana (PurePlay Press, 2004) hay también un personaje basado en mi madre, pero cuando se lo dije, me chilló, ofendidísima: '¿Chica, yo no digo tantas ordinarieces!'.
- ¿Por qué se escribe?
-En mi caso, es un vicio que practico desde adolescente. Como todos los vicios, secreto en ocasiones. De jovencita, como era muy tímida para ir a fiestas, me pasaba horas escribiendo. Unos cuentos horripilantes, según mi familia. A veces tenía que esconderme para escribir a gusto. Mi abuela solía decirme: 'Levántate de delante de la máquina de escribir esa (era una Underwood del 45) y ponte a hacer algo útil, niña, que te vas a volver idiota con tanto tecleíto'.
- Por cierto, ¿cree en los orishas?
-Tengo una mezcla de creencias bastante ecléctica. Sí creo en la existencia de los orishas como arquetipos universales: nuestra Oshún es Afrodita, Yemayá es Anfitrite...Y tengo un altar a Cachita (Oshún) aquí en mi casa, adornado con velas, un coco y ahora, por la época, bolas de Navidad. El otro día una vecina me preguntó si yo practicaba Cuban vudú. También me gusta meterme en los mitos locales. Mi obra de teatro La hija de La Llorona, que se estrenó el mes pasado en Chicago, trata de una especie de Medea tropical, una mujer que ahogó a sus hijos en el Río Grande y, convertida en alma en pena, sale a buscarlos por las noches, según el folclore nuevo mexicano.
-Y cuando el Comandante esté tan muerto como el pobre Pío Ponce de León, ¿qué ocurrirá en Cuba?
-Ojalá que una transición pacífica. Y que en el nuevo orden de cosas, los murcianos (y los sevillanos y los madrileños y tutilimundi) vayan a Cuba a disfrutar de algo más que traseros suculentos.
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Los libros vuelven a la Biblioteca Municipal de Santander
El Diario Montañés
La juzgan por lucrarse de otra marca y vender cocinas de peor calidad
El Norte de Castilla
Publicidad
Publicidad
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.