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Chano Lobato: «Si me tomo dos copitas me convierto en Errol Flyn»
Chano Lobato: «Si me tomo dos copitas me convierto en Errol Flyn»
Cultura

Chano Lobato: «Si me tomo dos copitas me convierto en Errol Flyn»

El cantaor participa el domingo en el Teatro Romea en la Gran Gala Flamenca a beneficio de Proyecto Hombre, en la que colabora el Festival de Lo Ferro

ANTONIO ARCO

Viernes, 5 de mayo 2006, 02:00

«Como está la vida hoy, a mí un día me llueven las tortas por todos lados, porque mira que soy inocente yo, que la picardía no se ha hecho para mí», indica el maestro Chano Lobato (Cádiz, 1927), justo cuando se aproxima la hora del aperitivo, que ya ha perdido toda la gracia -¿maldita sea la hora!- porque el cantaor, monumento vivo del flamenco y uno de los artistas más queridos y respetados por públicos muy diversos, no puede ya beber ni gota: «¿Sobrino, ni un tintito! Y, eso sí, se me va la vista detrás del vino. No es que yo quiera ya coger un mareíto, pero un par de tintitos te sacan de la tristeza, parece como si uno se viniera arriba. Pero no me dejan, ¿Chano, Chano, no te pases de la raya! ¿Chano, ni un tintito ni un whyski que te vemos! ¿Chano no nos vayas a dar un susto! Y Chano va y aguanta el tirón a palo seco, ¿tú me entiendes? ¿Con lo que yo he sido! Por eso, madre de mi alma con qué alegría me subo yo ahora a los escenarios, porque es empezar a cantar e irse todas las penas. Salgo de allí con vida».

Sale con más vida pero entra con el susto metido en el cuerpo, comenta mientras pregunta si está lloviendo en Murcia, una tierra que conoce bien y donde tiene muy buenos amigos y fieles seguidores que brindan cada vez que pueden para que Dios le dé mucha salud a Chano Lobato. «Es llegar la hora de cantar y me muero de miedo, me entra un miedo que quiero irme corriendo, qué mal, qué mal. Como si empezara ahora, ya ves tú, como si fuera un chiquillo a estas alturas, nerviosito y muerto de miedo del todo», explica. Y es que el maestro le tiene un profundo respeto al público: «¿Cómo no voy yo a darle gracias a Dios? Noto que el público me quiere, que me respeta, que me da mi sitio. Pasan los años y ahí estoy, con mi pequeño sitio que es mío, no cantando como cuando tenía 20 años, pero defendiéndome, haciendo mis cositas...».

Hay algo que también teme: «Antes de hacer el tonto en el escenario yo me voy, no quiero que nadie se quede con la imagen de Chano Lobato haciendo el ridículo. Antes de ese momento, adiós. Yo he estado toda mi vida con gente muy importante y de mucha categoría y mucho arte, como Antonio el bailarín, de quien me acuerdo cada vez que canto en el Romea, porque allí viví con él noches muy importantes, y no quiero acabar haciendo las cosas de cualquier manera. Las cosas hay que hacerlas bien o no se hacen».

Inyección

Diabético -«cada día me pongo mi inyección y que sea lo que Dios quiera»-, intentando no perder el buen humor que siempre le ha acompañado -«y eso que, la verdad, es triste tener esta edad y ver que las fuerzas ya son pocas, sobrino»-, simpático y siempre disponible para los amigos, Chano Lobato sigue dando gracias a la vida «por no tener la cabeza hecha un polvorón a mi edad». «A lo mejor», precisa el maestro, «se me olvida esto o lo otro, pero lo que no se me olvida es hacerle un favor a un amigo. Yo he sido más de hacer favores que de pedirlos. Pedir sé hacerlo poco, llamar a las puertas también lo he hecho poco. Ambicionar mucho tampoco ha sido mi caso. Yo me lo he pasado muy bien en la vida, he trabajado sin parar pero nunca he pensado yo en hacerme rico».

Ya son años los que tiene el maestro. Ayer volvió a meterse con su buen amigo el cantaor Curro de Utrera: «Ay qué Curro, que se quiere quitar años. Me dice el otro día: Chano, recuerdos de Gregorio. Y yo al rato le digo a él: ¿Qué Gregorio, Curro? Y no veas la guasa que tiene el Curro: Un conejo que hay en mi finquita y que me manda que te dé el recado de que un día te pases por allí, que te vas a comer el mejor arroz con conejo de tu vida». Eso sí, sin vino: «Nada, si me tomo dos copitas me convierto en Errol Flyn con las dos pistolas dale que te pego pegando tiros. Ni gota, sobrino».

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