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J. GÓMEZ PEÑA
Sábado, 13 de septiembre 2014, 00:40
El susto acabó en un cesto de percebes. En la subida al Monte Faro no pasó nada, pero en la espeluznante bajada hacia la meta de Cangas de Morrazo al Faro se le apagó la luz. Cataldo, uno de los que tiraba de Froome, salió disparado hacia una ristra de eucaliptos. Diana. Quedó tendido, blando. Escalofrío. Contador, que iba detrás, frenó lo justo. Abrió las piernas para buscar equilibrio. Contuvo la respiración y... «Ufff. He rectificado tres veces la trazada y he podido librar», contó. Pudo perder ahí la Vuelta que hoy puede ganar en Ancares. De la etapa de ayer se ocupó un loco. Australiano. Adam Hansen, ancho, fuerte, divertido y tronado: lleva tres años encadenando el Giro, el Tour y la Vuelta. Corre cien días al año. Lo que no hace nadie. Y ayer, cuando todos andaban ahogados por el repecho de Moaña y Degenkolb, el esprínter caníbal, se había quedado sin guardaespaldas, Hansen salió a la intemperie. A lo loco. Cuesta abajo. Así es él. Se vino a Europa y eligió casa donde nadie lo hace: en la República Checa. Subió el Alpe d'Huez en 2013 como nadie, con una cerveza en la mano. Y ayer, al entrar ganador en Cangas, le dieron un cesto de percebes. Tan sabrosos como feos. «¿Y eso se come?». Qué susto. Hoy habrá más en Ancares.
Como la Vuelta no se ha resuelto en veinte emocionantes días habrá que negociar hoy con la montaña de Ancares el reparto de premios. A la carrera todos vinieron con uniforme de guerra, salvo dos que llegaron disfrazados de enfermos convalecientes. Contador y Froome venían de caerse en el Tour, de no competir. En el fondo, nadie creyó en su fragilidad. Pero aun así, a Contador sus rivales le perdonaron en la primera semana, la del calor andaluz, la que pilló al madrileño más desencanchado. A Froome le indultaron en Covadonga. Y siempre se rueda mejor, más liberado, sobre una segunda oportunidad. «Al principio de la Vuelta ni pensaba que podría estar ahora de líder», repite Contador. Hoy, en la ladera más cruel de Ancares, en el último puerto de esta Vuelta, Contador defenderá el minuto y 19 segundos que le distancia de Froome, mientras Valverde, 'Purito' y Aru se pegarán por la tercera plaza. «No es definitivo, pero tengo confianza. Mejor ir por delante que tener que remontar», dice Contador. Con aplomo. Ya no viste disfraz. Luce galones de líder.
Su Vuelta, la tercera que puede ganar, girará todo el día al ritmo de la rueda trasera de Froome. Ahí se soldará Contador. Lleva más de un año, desde que Froome le pisoteó como a un colilla en el Mont Ventoux (Tour 2013), preparándose para soportar otra vez esa tortura. Física y mental. «Froome es el rival de más nivel al que me he enfrentado», mide. Le respeta. Contador criaba jilgueros y pardillos. Froome es africano. Coleccionaba serpientes. Su ritmo asfixia como una boa. «Froome está fuerte. Va a más. No será fácil seguirle», se avisa el líder. Cauto por fuera y confiado por dentro: «Si yo estoy bien, no tengo que pasar problemas». Del minuto y pico que ha ahorrado en casi tres semanas de Vuelta, un minuto procede de la contrarreloj de Borja y de la crono por equipos de Jerez. Froome ha sobrevivido en la montaña cuando no le giraban las piernas y ahora, cuando nota que crece, amenaza. «Mañana -por hoy- es el día para hacerlo», se conjuraba el keniano en la meta de Cangas. «Se van a cagar», lanzaban en el Sky. Eléctrico duelo.
La Vuelta baja la persiana de la montaña. A lo grande. Con una etapa de 185 kilómetros y cuatro puertos. El penúltimo, Folgueiras de Aigas, es de primera. El último, Ancares, es aún más: trece kilómetros con un desnivel medio del 8,7 por ciento, con gravilla que pica las pantorrillas y con paredes del 18 por ciento. «Sé que Froome va a hacer dura la carrera», se repite Contador, que escucha su nombre correr como una ola entre el público de las Rías Baixas gallegas. «Me han regalado un homenaje diario», agradece. Quiere prolongarlo hasta el final del Camino, el domingo en Santiago de Compostela. Sin sustos. De los percebes, si se atreve a meterles mano, se ocupará Hansen. «¿De verdad se come eso?».
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