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Jorge García Badía
Jueves, 28 de julio 2016, 01:40
Tenía que ejercer como testigo de un 'enlace' civil y acabó testificando ante la Guardia Civil sobre una doble tentativa de homicidio. Tan graves sucesos tuvo que presenciar como comensal de una cena, con la que este martes se estaba celebrando que Mateo P. A. y Koftesa L. A. se habían convertido en pareja de hecho. «Mi cuñado lo vio todo y se encuentra fatal», explicaba ayer Antonio, hermano de Mateo 'El Yegüero', el autor de los disparos a bocajarro contra dos miembros de su recién estrenada familia política: Vasil D. S., de 34 años, y Georgi P. Z., de 37 años, que siguen muy graves.
Con información de José L. Piñero y Juan F. Robles
«Mi cuñado fue testigo de la 'boda civil'». Por la mañana, Mateo y Koftesa acudieron al Ayuntamiento de Bullas para inscribirse en el registro de uniones de hecho y formalizar así la relación iniciada seis años atrás. «Desde que se juntaron le dijimos que dejase a esa mujer». La familia de 'El Yegüero' no aceptaba a 'La Búlgara' porque ella arrastraba hasta la casa de este guardia civil retirado a todo su clan familiar, procedente de Cehegín y Alicante.
«No sabíamos ni cuánta gente había allí. Los búlgaros eran muy polémicos y siempre le estaban pidiendo dinero a mi hermano porque tenía una buena pensión». Mateo estuvo destinado en el País Vasco, Madrid y Murcia hasta que en el año 2000 se prejubiló, según la Guardia Civil, por una inutilidad permanente por problemas físicos. «Cuando acababan con su pensión se marchaban y no volvían hasta el mes siguiente». El rechazo de la familia a la relación sentimental era tan grande que «ni siquiera sabíamos que se había 'casado'». Tampoco fueron invitados a la celebración en el barrio de la Cruz.
«Menudo jolgorio tenían montado», recordaba un vecino de la zona. «Pero de repente la música se detuvo y se pusieron todos a gritar como histéricos». Eran las 22.15 horas cuando 'El Yegüero' y los búlgaros se enzarzaron en una fuerte discusión, que el ex guardia civil saldó supuestamente tiñendo de sangre el banquete al disparar contra el hijo y el yerno de su pareja. «Después de los tiros le dijo a mi cuñado que entrase en su habitación y que cogiera el dinero que guardaba debajo de la mesita», relataba ayer Antonio. Pero el cuñado se quedó helado y no se atrevió a levantarse de la mesa.
La detonación de los dos cartuchos sembró el pánico entre los vecinos. «Estábamos viendo la televisión y nos pareció escuchar como unos truenos», detallaban Cristian y Ana. La casa de esta pareja está pegada, pared con pared, con el número 18 de la calle San Francisco donde residía Mateo.
Cristian salió corriendo por la puerta lateral del garaje y al llegar al callejón entendió lo que había escuchado. «Los reventó con la escopeta. Cinco búlgaras iban corriendo con una niña, y se tiraron por el suelo y empezaron a rezar mientras otra gritaba: '¡Han matado a mi hijo!'». Koftesa le entregó a esta pareja a su nieta, de 6 años, para que la cuidasen mientras telefoneaba al 112 pidiendo auxilio. «Metí a la criatura en casa, le di un zumo y la senté en una silla para tranquilizarla», precisaba Ana.
«La pequeña estaba muy mal, no paraba de llorar y de decir: 'Mateo ha disparado a mi papá en la mesa porque iban borrachos'». Cuando apareció una ambulancia y una patrulla de la Policía Local por la calle San Francisco, según los vecinos del barrio, se escuchó un tercer disparo. «La tensión se me puso a 18», exponía ayer Paca, todavía nerviosa.
Se encañonó con la escopeta
Los agentes respondieron con un disparo disuasorio al aire y, tras unos segundos de tenso silencio, se inició la fatídica conversación con el guardia civil jubilado, tal y como detalló a este diario personal médico del hospital de Caravaca de la Cruz. «¿Hay alguien ahí?», preguntó uno de los policías locales. Y Mateo, parapetado entre la puerta de la casa y una furgoneta blanca, modelo Citroen C-15, les respondió: «Estoy yo». El policía prosiguió: «¿Lleva usted un arma?». La respuesta fue afirmativa. «¿Es usted el autor de los disparos?». Fue la última contestación de 'El Yegüero'. «Sí», dijo, y no dio más opción a los agentes. Ante la mirada atónita de decenas de vecinos asomados desde sus casas, se encañonó a sí mismo y apretó el gatillo. Murió en el acto.
La Guardia Civil acordonó la vivienda y los terrenos anexos, en los que tenía plantados oliveras y contaba con algunos animales domésticos. Entre ocho y diez búlgaros fueron trasladados de madrugada al puesto de la Benemérita de Caravaca de la Cruz para prestar declaración por separado. El cuñado y el hermano del fallecido, mientras, acompañaron a los investigadores durante la inspección ocular de la finca. Al otro lado del precinto, con todo el barrio enmudecido, unos familiares de 'El Yegüero' criticaban el supuesto interés que Koftesa tenía en la propiedad de Mateo. «Se trajo a todo el clan aquí; empezaban a comer, a beber... lo volvían loco. Parece que pretendían esto».
¿Hay testamento?
Fuentes del Instituto Armado confirmaron ayer que el desencadenante del tiroteo «fue una riña familiar» y que fue intervenida el arma, una escopeta de caza del calibre doce. Las diligencias por un supuesto delito de tentativa de homicidio las asume el Juzgado de Instrucción número 1 de Mula. El hermano del fallecido, cuando acabó el registro de la casa, pasadas las tres de la madrugada, pidió permiso a los agentes para buscar el dinero en metálico que Mateo le dijo a su cuñado que guardaba en su cuarto. «Cuando entré estaba todo revuelto; la Guardia Civil no había sido la que lo había puesto todo por en medio, pero el dinero no estaba».
La familia, que sospecha de los búlgaros, cree que Mateo podía tener guardados de 1.000 a 3.000 euros en metálico. «Queremos que se investigue todo y vamos a averiguar si mi hermano firmó algún testamento antes de casarse». Los familiares del hijo y el yerno de Koftesa se desplazaron ayer al hospital de Caravaca de la Cruz para interesarse por su estado. Vasil D. S., de 34 años, recibió un disparo en la pelvis y sufrirá graves secuelas. La Consejería de Sanidad confirmó ayer que «está grave». Georgi P. Z., de 37 años, se debate entre la vida y la muerte. Ha sido intervenido en múltiples ocasiones y se le ha extirpado el bazo, el riñón izquierdo y parte del intestino grueso. También tenía perforado el diafragma. «Está intubado y su pronóstico es reservado».
El hermano de este último, Mihail, en la puerta del hospital, aseguraba que «yo no sé nada de la boda». Mientras tanto sonreía, sacaba un pitillo y afirmaba que «nunca he estado en casa de Mateo; no me hacía falta». 'El Yegüero' será enterrado hoy. A las 10.30 horas tendrá lugar la misa en la iglesia de Nuestra Señora del Rosario.
«¡Mateo era lo mejor del mundo!», clamaba ayer afligida Juana, una amiga. «Ella lo quería tener atado para quedárselo todo y él no se llevaba bien con la familia política». Esta mujer recordaba que 'La Búlgara' se «aprovechaba de que era más joven». Ella tenía 48 años y él 64 años. Al parecer, las fiestas y las riñas eran el caldo de cada día. Así lo afirmaba otro amigo del fallecido: «Los búlgaros se ponían hasta el culo, beber, beber y beber...».
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