Borrar
TERREMOTO EN LORCA

«El muerto podría haber sido yo»

Miedo, desolación y mucha incertidumbre se reflejan en las caras de los miles de vecinos que desde esta tarde deambulan por sus calles, destrozadas muchas y colapsadas al tráfico las que quedan abiertas

JAVIER PÉREZ PARRA

Jueves, 12 de mayo 2011, 03:11

El drama se ha instalado en las calles de Lorca. Miedo, desolación y mucha incertidumbre se reflejan en las caras de los miles de vecinos desde esta tarde deambulan por sus calles, destrozadas muchas y colapsadas al tráfico las que quedan abiertas, mientras luchan contra el pánico para decidir donde van a pasar la noche.

En una de ellas se siente este dolor especialmente, en la que se halla el bar Las Viñas, de cuyo edificio se han desprendido los pedazos de cornisas que han acabado con la vida de tres personas.

Y la fatalidad ha querido que una de las víctimas mortales fuera el nieto adolescente de los dueños del establecimiento, que en el momento del segundo temblor salió huyendo del bar con tan mala suerte de que en ese momento se desprendió una cornisa del edifició que le cayó encima causándole la muerte a él y a su perro, según ha relatado uno de los testigos que, impactado por el suceso, ha declarado que "el muerto podría haber sido yo".

En otro rincón de la ciudad, un edificio de tres plantas se ha derrumbado completamente. El inmueble, situado en la calle Infante Juan Manuel era de construcción muy reciente.

En Lorca hay carritos de bebé sobre la calzada empujados por padres cargados con bolsas con ropa, enseres de aseo y algo de comida. Van, por lo que parece, a alguno de los jardines en los que se concentran los vecinos, sorteando los cientos de cascotes y restos de escaparates que ha roto el terremoto.

Muchos edificios y casas bajas han sido desalojados y los vecinos de los pisos sin daños también han salido a la calle a buscar seguridad.

Solo se ve a gente asustada y absorta. Todos con mochilas y pequeñas bolsas de viaje y los móviles en la mano o pegado a la oreja.

El ruido en la calle desde esta tarde también es distinto puesto que las sirenas de policía y sanitarios sobresaltan constantemente y es lo único que se oye.

Los bares están cerrados, por supuesto, y son muchos los que han abandonado la ciudad hacia segundas residencias en la playa o las casas de sus familiares.

Según las autoridades, alrededor de 10.000 personas han sido desalojadas de sus viviendas y se enfrentan a pasar la noche en alguno de los espacios al aire libre o en cubierto habilitados por el ayuntamiento, como un pabellón del recinto ferial de Santa Quiteria.

Decenas de coches están destrozados, otros tantos llenan el aparcamiento del centro comercial San Diego y sus dueños siguen deambulando mientras esperan.

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios

laverdad «El muerto podría haber sido yo»