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Un castillo sin princesa
EXCURSIÓN 'CON TODA LA TROUPE'

Un castillo sin princesa

A 22 metros de altura, la torre que corona Moratalla ofrece unas vistas únicas y permite descubrir cómo era una fortaleza medieval

MIGUEL RUBIO

Jueves, 21 de abril 2011, 11:25

Ascender por la enrevesada y angosta escalera de caracol del castillo de Moratalla no es tarea fácil. Y si cuesta subir, más cuesta imaginar cómo se las apañarían los caballeros santiaguistas para alcanzar peldaño a peldaño lo más alto de este imponente baluarte, pertrechados y dispuestos para la defensa de la fortaleza. Sin embargo, el esfuerzo tiene su recompensa cuando se llega a la terraza almenada. A 22 metros del suelo, sólo por las vistas, que dominan la comarca, ya merece la pena desplazarse hasta esta localidad del Noroeste y disfrutar de su historia y su paisaje.

La inexpugnable torre de homenaje constituye el plato fuerte de la excursión familiar para conocer el casco antiguo de Moratalla, un entramado de calles silenciosas, estrechas y empinadas, recuerdo de su pasado árabe, abigarradas entorno al castillo. La fortaleza ni siquiera es la sombra de lo que fue. Pero, aún así, impresiona. Los restos que quedan en pie permiten hacerse una idea de la importancia que alcanzó en la Edad Media, y de paso dar rienda suelta a la imaginación para soñar con historias de combates, intrigas y venganzas.

El recinto militar contaba con otras cinco torres: Redonda, Blanca, la Magdalena, Quebrada y Cuatro Vientos, como muestra una maqueta que se conserva en el interior. Sin embargo, la restauración del complejo defensivo se ha quedado a medias, por falta de financiación, y sólo se puede visitar el gran torreón. Servía de sede al comendador de la Orden de Santiago, quien controlaba de manera férrea estas tierras. A alguno se le fue la mano, y lo pagó caro. Como a Alfonso de Vozmediano, quien quiso aprovecharse de las tierras del pueblo: Murió linchado por una muchedumbre enfurecida. Y para que sirviera de escarmiento, su cadáver permaneció tres días colgado en la fachada de la fortaleza.

Levantada a mediados del siglo XV, el recorrido por su interior no deja de ser una experiencia que permite descubrir los secretos de un castillo medieval, aunque sin princesas. A la entrada (la visita cuesta un euro) una azafata le proporcionará algunos detalles. Después, el recorrido lo puede hacer a su aire. La torre se distribuye en cuatro espacios. El sótano alberga un aljibe, donde se recogía el agua de lluvia como reserva para soportar los asedios. En la Guerra Civil, se utilizó como cárcel y en sus paredes aún se conservan los nombres de algunos de los presos, que grabaron ellos mismos en su cautiverio. La planta baja, por la que se accede al monumento, servía de almacén de alimentos y sala de armas. En una esquina, la escalera de caracol conduce al primer piso, una estancia sobria y contundente, iluminadas por ventanas ajimezadas, donde los vasallos rendían obediencia ante el señor que dirigía el devenir de la hacienda. La sorpresa llega al final, cuando se alcanza la cubierta de la torre. Moratalla queda entonces a sus pies, y si el día es claro las vistas proporcionan una estupenda panorámica de la comarca.

Como el entramado urbano es complicado, lo mejor es que deje el vehículo a la entrada del pueblo y emprenda el camino a pie, para disfrutar de todo el encantado del casco antiguo: casas solariegas, balcones con impresionantes rejas y rincones con los colores de mil flores. Eso sí, prepárese si lleva la silleta del nene, porque le tocará empujar sin desmayo. Uno de los descansos deberá hacerlo frente a la iglesia de la Asunción, con su campanario florentino y una fachada decorada con corazones, un capricho del párroco Angulo, que allá por el siglo XVIII acometió una reforma del templo y quiso que el emblema de su familia luciera a la vista de todos y para siempre.

De regreso de la fortaleza, sepa que en la glorieta existe un jardín con juegos infantiles. Los más pequeños podrán descansar mientras usted se toma un respiro contemplado el coqueto teatro Trieta, que parece una casita de cuento.

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