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AMBIENTAZO. Sirviendo palomas al respetable en el bar VIP de la plaza. VICENTE VICÉNS / AGM
Donde hay que estar
FERIA DE MURCIA LOS ENTRESIJOS

Donde hay que estar

La sala VIP de la plaza es un hervidero de caras conocidas durante la merienda

PATRICIO PEÑALVER

Sábado, 20 de septiembre 2008, 03:16

Creo que ya han pasado más 17 años desde la publicación de un artículo que intitulé Todos los ambientes en el ambiente, que trataba sobre los ciudadanos que crean el ambiente taurino en la plaza, mucho antes de que existiera, un suponer, la Consejería de Medio Ambiente. Desde aquella fecha hasta la actual, nada ha cambiado. El respetable, por lo general, viene a la plaza a pasárselo en grande; si hay faena la hay, y si no siempre hay gran merienda.

La gran merienda de veinte minutos es una gran tradición al margen de la corrida en sí misma, que divide en dos partes la lidia: durante los primeros tres toros el personal suele estar más recatado que en los tres últimos, en la que los asistentes, después de la orgía gastronómica, tiene el tono más subido y se muestra más efusivo, por lo que no es lo mismo torear al primer toro que al cuarto, y mucho menos al quinto, cuando las gargantas reciben de las botas del recio vino, pongamos que de Jumilla.

Tres son los toreros, tres son los avisos, tres son los tercios, tres eran los puyazos o los pares de banderillas, tres son las localidades. Sombra, Sol, y Sol y Sombra, que ya no se parecen tanto a las clases sociales que antes ocupaban esos asientos: clase alta, media y baja. Exceptuando todavía los tendidos del sol, ahora se puede uno encontrar a cualquier personaje de la ciudad en una localidad de grada, por ejemplo. Otra cosa son las barreras o contrabarreras; ésas están pilladas desde hace mucho tiempo, no hay que olvidar que la Feria de Murcia es de abono.

La feria es un acontecimiento de primera magnitud, y a estos eventos como decía Séneca, hay que ir a ver y a dejarse ver, por esos muchas mujeres se visten como para ir a los toros, tan elegantes y bellas como si fueran a la ópera. Ni qué decir que a más de un miembro o miembra le interesa más el ambiente que los toros, pero eso no es irrelevante, ya lo dijo El Guerra: «Tiene que haber gente pa tó». Y haberla hayla.

Y entre esa y otra gente, hasta los hay VIP; éstos son un grupito de personajes importantes que cada día tiene el privilegio de ser invitados a la recóndita sala que, junto a la cafetería de la plaza que dirige el empresario de grandes eventos musicales -Ibolele-, Carlos Peñalver, que no es primo mío, en la que se reúnen durante los veinte minutos de la merienda las autoridades y los famosos, a pajera abierta.

Gente importante

Entre los asiduos de cada tarde, podemos ver a Rafael González Tovar, siempre atento y cariñoso, delegado del Gobierno; al alcalde de Murcia, Miguel Ángel Cámara, acompañado una veces de algún concejal como Rafael Gómez o de Pilar Megía, al consejero de la Presidencia Juan Antonio De Heras, o la simpática y amable consejera Inmaculada García, de Economía y Empresa; también a los veterinarios José Manuel Sanes y José Gaona, o a Francisco Cuadrado Ortiz, inspector jefe del Cuerpo de Policía Nacional y Delegado Gubernativo de la plaza de toros de La Condomina. Y más importantes, como Eduardo González Martinez-Lacuesta, Jefe de Sanidad del Ayuntamiento de Murcia, el rector de la Universidad, José Antonio Cobacho, el presidente de la Audiencia, Andrés Pacheco, o el del TSJ, Juan Martínez Moya.

Por aquí pasaron el otro día el alcalde de Almería, Luis Rogelio Rodríguez, junto al presidente de los empresarios de Almería, Miguel Uribe, a los me presentó el gran Teodoro Hernández, Teo, respetado y respetable, que les dijo: «Aquí les presento a uno de los mejores periodista y rojo». Ante mi sonrisa circunspecta, el alcalde almeriense me respondió riéndose, algo así como: «Eso son paradojas como la vida misma». Y seguimos parlamentando. La estrechez del espacio y el aforo a tope son propicios al diálogo directo y sin ambages y así conversé con el siempre diligente Patricio Valverde, presidente de la empresa concesionaria de la constitución y explotación del Aeropuerto de Corvera y delegado de Iberdrola, hablando de nuestras cosas de Patricios, como lo hice después con Fuentes Zorita, presidente de la Confederación Hidrográfica del Segura. Y hasta a punto estuve, en ese ambiente festivo, de hablar con mi director, José María Esteban, para que me subiera el sueldo, ahora que estamos en crisis, ante la presencia mirada del secretario general de Comisiones Obreras, José Luis Romero, y del secretario general de la CROEM, Clemente García.

Iba por la cosa del ambiente. Y mientras escribo este texto, con la ambientación de la música de Chano Lobato, recibo a través de mi correo electrónico una nota en la que el artista Alvaro Peña me dice que como publiqué el otro día, no hay cuatro exposiciones sobre arte y toros, sino cinco con la de él, en la galería Chys, sobre el trapío. Muy bien, pues no hay quinta mala.

Y como siempre, hay un antes y un después. Antes de cada corrida se forma un auténtico bullicio frente a los bares de la plaza y sus aledaños en torno al Babel, al Cinco Ases o al Bar Placica, a los estancos para comprar puros o a los puestos de pipas, en los que se habla de las ilusiones sobre la corrida de tarde. Después de la corrida, seguirán la plática y el palique en las diversas tertulias taurinas, antes de tomarse una patata al puñetazo en El Callizo.

Otra manera de ver y palpar el ambiente sin verlo, consiste en pasear durante la corrida alrededor de la plaza, para oír de pronto un impresionante silencio, a veces los uifff del drama que huelen a cogida, o los clamorosos olés que salen como un eco de la plaza que uno imagina una olla a presión. En ese círculo, la de vueltas que da la vida, siguen estando todos los ambientes en el ambiente.

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