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MAGIS IGLESIAS
Domingo, 2 de marzo 2008, 10:34
«A mis 52 tacos, ya me puedo permitir el lujo de decir lo que pienso en cualquier lugar de España», anunció Mariano Rajoy en Zaragoza, donde asumió el riesgo de defender el Trasvase del Ebro hacia Levante y Andalucía oriental, tal y como había hecho, apenas 48 horas antes, en Murcia y Alicante. «El proyecto de España es para todos, vivan donde vivan», explicó al PP aragonés, que planteó una seria resistencia a la incorporación de este compromiso en el programa electoral.
Para que no hubiera duda alguna sobre su decisión de plantar cara en Zaragoza, repitió las mismas palabras que utilizó en Murcia sobre el traslado a otras autonomías del agua que sobra, tras garantizar el caudal ecológico, para «ayudar a los demás porque todos somos españoles».
«¿Se me ha entendido bien?», preguntó a los más de seis mil aragoneses concentrados en un mitin en el que lucía la pancarta de defensa del Pacto del Agua. Y Rajoy se detuvo a enumerar las más importantes obras hidráulicas, previstas en el Plan Hidrológico Nacional, y prometió desbloquear los proyectos que paralizó el Gobierno socialista. En especial, se comprometió a concluir el «recrecimiento del embalse de Yesa para hacer realidad el abastecimiento de agua a Zaragoza» y, tras mencionar muchas otras infraestructuras jaleadas por el polideportivo con aplausos, añadió «el resto de obras del Pacto del Agua».
Adoptada por Rajoy la posición definitiva de defensa del trasvase, los populares de Aragón dan por amortizado el desgaste que les puede suponer en esa comunidad la polémica obra y piensan que el coste ya lo pagaron hace cuatro y ocho años, con el PHN. El PP pasó de contar con el 48,27% del voto que tenía en 1996 a quedarse en el 35,55% que alcanzó en 2004 en esta autonomía, donde también ha perdido el Gobierno autonómico y el Ayuntamiento en Zaragoza.
El candidato del PP presentó esta decisión como un esfuerzo que merece la pena y lo vinculó directamente con los principios y convicciones que defiende en estas elecciones, sin ambigüedades ni medias palabras. «Si no hacemos esto estamos condenados al desastre», arguyó, al tiempo que deseó «que se acabe esta absurda polémica». Acusó además a José Luis Rodríguez Zapatero de «decir hoy una cosa y otro día, la contraria».
El líder del partido opositor reivindicó su gestión en la oposición a lo largo de estos cuatro años preparando así el camino al cara a cara televisivo de mañana, en el que prevé que su adversario le reproche la trayectoria del PP.
«Pizarro es un 'crack'»
Insistió en la idea que estrenó el viernes en Navarra cuando se declaró una víctima del PSOE y el único programa de Zapatero. «Yo soy su discurso, su campaña y su programa», exclamó y aseguró que el candidato del PSOE «nada tiene que ofrecer a España». Situó a su adversario, permanentemente, mirando hacia atrás y muy preocupado por el próximo cara a cara para el que -según dijo- «está escudriñando en el pasado». «Me tiene preparada una sorpresa el próximo lunes y yo ya sé cuál», advirtió y tranquilizó a sus seguidores, a los que prometió que «tendrá cumplida respuesta». «Le ha pasado como con (Iñaki) Gabilondo -añadió-, que le hemos cogido». En la tierra de su fichaje, Manuel Pizarro, intentó rehabilitar su imagen, dañada por el fiasco de su debate televisivo con Pedro Solbes. «Pizarro, que es un crack».
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