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MERCEDES GALLEGO (ENVIADA ESPECIAL) |
Jueves, 2 de octubre 2008, 15:03
Sonó la música de , pero el héroe triunfante que subió los escalones del hotel Hilton de Miami no era Sylvester Stallone, que por cierto es seguidor suyo y promete batirse con Chuck Norris, sino John McCain. El septuagenario héroe de Vietnam se colgó ayer las medallas de los 57 delegados de Florida que lo convierten en favorito de su partido y se despidió al ritmo de 'Johnny B. Goode'.
'Go, go, Johnny go, go', cantaban entusiasmados sus simpatizantes. Algunos, como Charlie Delano, llevaban ocho años esperando este momento, desde que todo el aparato del Partido Republicano, con su ristra de trucos sucios, cayera sobre él y lo aplastase para hacer paso a George W. Bush. He pedido días libres en el trabajo para venir aquí a ayudar como voluntario porque sabía que éste estado era el decisivo. Si ganábamos aquí, ganaremos la nominación del partido y después la Casa Blanca, prometía el broker de 35 años, sin dejar de pellizcarse para creerse la victoria.
McCain supera al dinero de Romney
La batalla por Florida había sido reñida, pero al final McCain le sacó cinco puntos al empresario mormón Mitt Romney (36% a 31%), que sólo en las tres últimas semanas se había gastado cinco millones de dólares en anuncios, frente a los poco más de 400.000 dólares que empleó el senador de Arizona. Le debía la victoria en buena parte a los que le acompañaron anoche en el escenario y a los que agradeció por su nombre: el senador Mel Martinez, la congresista Ileana Ros, el congresista Lincoln Diaz-Balart, el asambleísta Marcelo Llorente y la comisionada Mildred Fernandez. En otras palabras, la aristocracia política del exilio anticastrista de Miami, al que McCain ha prometido mano dura contra Fidel Castro, Hugo Chávez y todos sus demonios negros.
Tuvo palabras de comprensión para sus rivales, pero sobre todo para Rudy Giuliani, el gran perdedor de la noche, que según adelantaba la versión digital de la revista hoy se retirará de la contienda y ofrecerá su apoyo a McCain, a quien hasta ahora ha robado el voto moderado. De ahí que le dedicara tantos cumplidos al hombre que se ha dejado el corazón y el alma en esta primaria, y que se ha comportado con las cualidades del líder excepcional que es.
Se esfuma el sueño de Giuliani
El mismo al que el llamó la semana pasada un hombre de mente estrecha, obsesivamente secretista y vengativo cuya arrogancia y mal juicio corta la respiración. El editorial del mítico rotativo era un eco de lo que han expresado de distintas maneras el resto de la prensa neoyorquina desde que se lanzó a la carrera presidencial blandiendo la tragedia del 11-S. Para el país podía ser un héroe, pero quienes le conocieron de cerca durante sus ocho años de mandato se quedaron con una impresión muy distinta. El alcalde de América tampoco ha sabido capitalizar la oportunidad de reinventarse que le dieron los atentados terroristas, abusando de ellos hasta el hartazgo.
Pero al final no ha sido la prensa de Nueva York la que ha matado su ambición presidencial, por mucho que lo ha intentado, sino él mismo con una estrategia suicida. La experiencia política de cuatro décadas demuestra que quien gana Iowa y New Hampshire logra el momentum que lo impulsa hasta la victoria. El exalcalde desdeñó esos estados para concentrarse por completo en Florida, convencido en su delirio de grandeza que podría perder miserablemente en las seis contiendas anteriores y todavía arrasar en el supermartes gracias a un rotundo triunfo en Florida, que no ha ocurrido. Incluso ha estado a punto de perder el tercer puesto frente a Mike Huckabee, un simple predicador descapitalizado que no cuenta con más apoyo que el de sus fieles evangelistas, el infalible Chuck Norris y su banda de música.
Con todo el tiempo y el dinero que Giuliani ha invertido en este estado, estamos muy contentos de haber quedado casi a la par, se congratuló el ganador de Iowa, que obtuvo el 14% de los votos, frente al 15% del héroe del 11-S.
Anoche se esfumó su sueño presidencial, pero aún puede tener una segunda oportunidad de la mano de McCain, que tras ganar las importantes batallas de New Hampshire, Carolina del Sur y Florida llega al supermartes como favorito, listo para dar la batalla final de su vida por la Casa Blanca, a los 71 años. Las conversaciones entre ambos han sido secretas, pero nadie duda de que para que Giuliani se haya apresurado a entregarle su apoyo hoy en California, invocando a Reagan, algo debe haberle prometido. ¿Un puesto en su gobierno? La respuesta, tras la gran final de noviembre.
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