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Rafael Rabadán.
«Oyó de nuevo roncar a su padre y se levantó con la espada en la mano...»
REGIÓN MURCIA

«Oyó de nuevo roncar a su padre y se levantó con la espada en la mano...»

R. F.

Domingo, 13 de enero 2008, 02:01

En junio del 2001, cuando la juez de Menores Ascensión Martín condenó a José Rabadán a ocho años de internamiento y dos de libertad vigilada, lo hizo con una sentencia dictada in voce. Es decir, lo hizo en la propia sala de vistas y en presencia del propio acusado. Fue días más tarde cuando redactó una sentencia cuyo contenido, hasta día de hoy, apenas ha trascendido. Ahora La Verdad está en disposición de ofrecer un resumen de los hechos considerados probados.

«Se declara probado que desde fecha no determinada del mes de marzo del 2000, el menor José Rabadán Pardo, nacido el 26 de diciembre de 1983, concibió la idea de matar a sus padres, Rafael Rabadán y Mercedes Pardo, así como a su hermana de 11 años, Mercedes Rabadán, afecta del síndrome de down, con los cuales convivía en el domicilio familiar sito en calle Santa Rosa n 20, 2º, de Santiago el Mayor. Y a partir de esa fecha fue dándole vueltas e imaginándose cómo sería la vida sin su familia, llegando a considerar tal idea como «algo positivo», tanto para él como para su familia: para él, porque cambiarían las circunstancias de su vida, y para su familia, porque así terminarían con el sufrimiento cotidiano del trabajo, los disgustos de la familia y los padecimientos de su hermana. Llegó incluso a contar sus planes, aunque en tono de broma, a sus amigos, según él, para «hacerse a la idea e irse obligando a ello».

Asimismo fue planeando el modo como lo llevaría a cabo, decidiendo que lo haría con una catana japonesa de acero, de 71 centímetros de longitud de hoja y 2,5 centímetros de anchura, que poseía y que le había regalado su padre, ya que era aficionado a las artes marciales y a las armas blancas. De hecho tenía en su poder gran cantidad de armas, como machetes de gran tamaño, espadas japonesas, estrellas ninja, puños americanos, navajas de tipo mariposa, un cuchillo picahielos de gran tamaño, hachas, catanas de acero y de madera....

El viernes 31 de marzo ya había resuelto que sería esa noche cuando llevaría a cabo sus planes, teniendo previsto que sería cuando empezara a amanecer, a fin de que entrara luz por las ventanas y ver así con claridad los cuerpos sobre las camas.

Una vez decidido el momento y la forma de matar a su familia, José se comportó de un modo normal, saliendo con sus amigos durante toda la tarde y conectándose a internet (...), chateando con una amiga llamada Sonia y con otros usuarios. A las 20 horas cenó en solitario en su habitación, como asimismo solía hacer y, tras ducharse, se volvió a conectar a internet hasta las tres de la madrugada del 1 de abril.

A esa hora sacó la catana del armario, dejó la funda sobre la silla y se acostó, metiendo el arma en la cama, y mientras esperaba a que amaneciera estuvo pensando lo que haría sin su familia, «la forma de vida que llevaría, lo que haría, hasta que a las 6,30 horas se despertó y comprobó que sus padres dormían, pero aún no había suficiente luz. Nada más volver a la cama pensó que su padre se había despertado, porque dejó de roncar, y en ese momento pensó que había perdido la oportunidad de matarlo y se sintió «enfadado consigo mismo y con ansiedad».

«Pero al poco rato oyó de nuevo los ronquidos de su padre y, ya completamente decidido, se levantó de la cama con la espada en la mano...». (El resto del relato se omite por su truculencia).

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