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Podría decirse que la jara de Cartagena es el lince ibérico de la flora europea: una planta en peligro crítico de extinción de la que solo quedan cuatro ejemplares adultos: tres que sobrevivieron en El Llano del Beal al incendio de la Sierra Minera en 1998 y otro, por desgracia estéril, en la localidad valenciana de Pobla de Vallbona. Aunque ha tenido todas las papeletas para desaparecer, el plan de recuperación de este humilde arbusto iberoafricano comienza a ofrecer resultados un año después de ponerse en marcha: ya hay más de 450 plantas en el medio natural, fruto de la creación de nuevas poblaciones, las plantaciones en vivero, la reproducción in vitro y la conservación del material genético en el Banco de Germoplasma de la Región de Murcia. Una estrategia de conservación poco mediática (es lo que tiene la flora) pero muy importante, y de la que se ha hecho balance este lunes durante una jornada técnica celebrada en el Museo Arqueológico.
Una de las acciones más delicadas ha consistido en la caracterización molecular de la población silvestre de ('Cistus heterophyllus subsp. Carthaginensis') y de los ejemplares criados en vivero para reintroducir en el medio natural plantas lo más puras posibles, ya que la especie tiende a hibridar con la jara blanca ('Cistus albidus').
La producción de plantas en vivero, a partir de semillas recolectadas de la población natural, superó los 600 ejemplares, de los que finalmente fueron seleccionados los individuos de mayor pureza: 301 plantas 'elegidas para la gloria' con las que se han creado seis nuevos núcleos poblacionales en la diputación cartagenera: dos en el área crítica con 50 ejemplares cada uno y cuatro en el área potencial que suman otros 201.
Estas seis poblaciones refuerzan las dos únicas de las que partía el proyecto: la formada por 56 plantas (3 adultos originales, más 53 juveniles de entre uno y dos años que no han florecido nunca) y otra de 94 creada por la Comunidad Autónoma en los últimos años.
En total, más de 450 plantas que invitan al optimismo aunque con la mayor de las cautelas porque la mayor mortandad se produce tras el primer verano posterior a su plantación. Así que el próximo otoño será otro buen momento para hacer balance sobre la situación de estos arbustos de menos de un metro de altura que adornan el campo con unas llamativas flores de color rosa violáceo.
Estas actuaciones de conservación, las principales en la estrategia de conservación de esta reliquia vegetal, se apoyan en otras de educación y divulgación ambiental con el objetivo de que la sociedad conozca esta especie de flora y su frágil situación. Por este motivo, se han editado una monografía científica, un vídeo y una publicación infantil para su estudio en los colegios; se ha puesto en marcha una web y se han activado cuentas en redes sociales; junto con actividades de voluntariado ambiental, talleres y eventos divulgativos.
El proyecto se inició en enero de 2017, ejecutado por la Escuela de Ingenieros Agrónomos de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT), bajo la coordinación de la Oficina de Impulso Socioeconómico del Medio Ambiente (Comunidad Autónoma) y la colaboración de la Fundación Biodiversidad (Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente). Las acciones han contado con un presupuesto de 52.100 euros (Mapama: 22.050; CARM: 22.050; UPCT: 8.000) y la dirección técnica de la profesora María José Vicente.
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