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JOSÉ MANUEL LÓPEZ NICOLÁS
Lunes, 13 de noviembre 2017, 22:43
En el año 2006, el Premio Nobel en Medicina y Fisiología fue concedido a los profesores Andrew Z. Fire y Craig C. Mello. La razón fue el descubrimiento en 1998 de un mecanismo basado en el ARN de interferencia que sirve para bloquear, o más bien regular, el proceso de síntesis de proteínas. Gracias a este hallazgo muchas proteínas implicadas en la aparición y desarrollo de enfermedades pueden ser bloqueadas y muchas otras reguladas.
Aunque parezca difícil de entender, las investigaciones de Fire y Mello están íntimamente relacionadas con una noticia sobre alimentación aparecida esta semana en los medios de comunicación y que me ha alegrado enormemente: la primera cosecha comercial de manzanas Golden Delicious modificadas genéticamente se trasladará desde huertos del Estado de Washington hasta alrededor de 400 supermercados del Medio Oeste a comienzos de noviembre. Se venderán cortadas en rodajas en paquetes de unos 300 gramos y, dado que están modificadas, tardarán mucho más tiempo en ponerse oscuras al quedar expuestas al aire.
¿Y qué relación existe entre un Premio Nobel de Medicina y unas manzanas que no se oscurecen? Veamos.
El pardeamiento enzimático es la reacción bioquímica responsable del oscurecimiento de manzanas, peras, plátanos, etc. Esta reacción se produce cuando se pelan, trocean o golpean muchos tipos de frutas o verduras... o simplemente por el envejecimiento de las mismas. La principal causante del pardeamiento enzimático es una enzima (proteína) denominada polifenoloxidasa. Desde hace muchos años, la búsqueda de métodos que inhiban o retrasen la aparición de las clásicas manchas oscuras en frutas y verduras que tanto repelen al consumidor ha sido uno de los objetivos prioritarios de la industria alimentaria. Tradicionalmente se han empleado métodos como la adición de sulfitos, de boratos, de sal, el empleo de un tratamiento térmico adecuado, la disminución del pH del medio u otros similares. Sin embargo, la mayoría de ellos llevan asociados problemas nutricionales, sanitarios, etc. por lo que se están buscando nuevas alternativas. Dentro de los nuevos métodos para inhibir el pardeamiento enzimático hay uno que acaba de ser noticia: las modificaciones genéticas para retrasar el oscurecimiento de frutas.
En el año 2015 el Departamento de Agricultura de Estados Unidos aprobó dos nuevas variedades de manzanas transgénicas de la empresa Okanagan Specialty Fruits, Arctic Golden y Arctic Granny. En estas manzanas la enzima polifenoloxidasa tiene reducida significativamente su actividad lo que provoca que, al cortarlas, las manzanas no se oscurezcan tan rápidamente.
Gracias a ello pueden ser utilizadas tanto para el consumo casero, sin ennegrecerse rápidamente, como para preparar bandejas de manzanas peladas y troceadas que aguantan más tiempo en las superficies comerciales. De hecho, la empresa responsable afirma que las manzanas Arctic aguantan hasta 17 días después de trocearse sin ennegrecerse significativamente... y eso comercialmente tiene mucho valor.
¿Cómo han conseguido los investigadores de Okanagan Specialty Fruits reducir la actividad polifenoloxidasa? Aplicando en las manzanas Artic los descubrimientos de Fire y Mello que les llevaron a conseguir el Premio Nobel de Medicina en 2006. De esta forma han logrado silenciar los genes que expresan la proteína polifenoloxidasa.
Para conseguir dicho efecto fue necesario previamente secuenciar el genoma completo de las manzanas Arctic, compuesto de 750 millones de pares de bases. Hay que recordar que el genoma es el conjunto de genes contenidos en los cromosomas. Una vez determinado dicho genoma, y conocida perfectamente la secuencia de genes responsable de codificar la enzima polifenoloxidasa, los investigadores introdujeron la secuencia exacta necesaria en el sistema para silenciar dicha enzima.
Para ello emplearon como 'vehículo conductor' la bacteria 'Agrobacterium tumefaciens' (organismo comúnmente utilizado como medio de insertar genes foráneos dentro de las plantas y desarrollar organismos modificados genéticamente). Una vez obtenidas en el laboratorio 'pequeñas hojas de manzano transgénico' se hicieron crecer en placa Petri. Posteriormente se realizaron tradicionales injertos en manzanos transgénicos de los que se obtienen las manzanas Arctic manipuladas genéticamente.
Es posible que ustedes se estén haciendo una pregunta que me gustaría resolver. Si el ARN de interferencia se conoce desde 1998, ¿por qué no se ha comercializado aún ningún alimento modificado genéticamente que emplee este tipo de tecnología? Pues porque hasta hace poco tiempo no existían informes oficiales sobre si el uso del silenciamiento de genes en un producto alimentario da lugar o no lugar a problemas medio ambientales y/o sanitarios.
En 2015, el Departamento de Agricultura de los EE UU emitió un informe acerca de uno de los aspectos más discutidos de las patatas transgénicas: sus potenciales efectos negativos sobre el medio ambiente a los que se acogen muchos grupos antitransgénicos para rechazar esta ya no tan nueva tecnología. Según las autoridades americanas, las modificaciones genéticas llevadas a cabo para producir estas variedades de manzanas no presentan ningún impacto ambiental, según la Ley de Política Ambiental Nacional. Ninguno. Tres años más tarde, y tras solventar muchos problemas burocráticos al ser alimentos modificados genéticamente, las manzanas de la discordia llegan a los supermercados americanos. ¿Y aterrizarán en Europa? Lo dudo. Las absurdas (y anticientíficas) presiones de determinados grupos contra los alimentos transgénicos están ralentizando muchísimo su desarrollo.
Me gustaría que extrajesen dos conclusiones de este artículo. La investigación en un campo concreto puede generar conocimiento científico que puede ser muy útil en otro campo muy distinto..., aunque pasen décadas, incluso siglos, entre la generación de dicho conocimiento y la aplicación del mismo. La segunda, no menos importante, es que no podemos seguir poniendo vallas al campo de la biotecnología, de la misma forma que no se puede hacer con la nanotecnología. A pesar de que no se debe generalizar ya va siendo hora de que se deje de asustar al consumidor sobre los nunca demostrados riesgos de los organismos modificados genéticamente. Además, seguir escudándonos en una absurda aplicación del principio de precaución, y en el que no se sabe lo que ocurrirá dentro de 100 años si comemos transgénicos para poner trabas al desarrollo biotecnológico, es ridículo. Guste o no a determinados colectivos, los organismos modificados genéticamente autorizados para su comercialización han pasado suficientes controles sanitarios y medioambientales para poder afirmar que son seguros.
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